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jueves, 24 de junio de 2010

Contra la dogmática prohibición

Ninguna droga, ni siquiera el alcohol, es causa de los padecimientos fundamentales de la sociedad. Si queremos en encontrar el origen de nuestros problemas, no deberíamos examinar a la gente por drogas, deberíamos hacerlo por estupidez, ignorancia, avaricia o idolatría del poder.- P.J. O'Rourke

Hagamos una pausa de la muy necesitada distracción mundialista para volver a la crudeza del México contemporáneo. La guerra contra el narcotráfico ha continuado, con su ya rutinaria brutalidad y violencia desbordada. Las palabras de O´Rourke, afamado analista político y autor norteamericano, resultan enormemente lúcidas. Este enfrentamiento entre el gobierno federal y los grandes cárteles de la droga en México no persigue un fin claro, es una guerra condenada a la falta absoluta de un epílogo. Los 101 años de prohibición han fracasado para instaurar una forma de delincuencia globalizada cuyo poder amenaza a Estados en varios puntos del planeta, México es sólo una nación más de la larga lista que integran Jamaica, Pakistán, Perú, Afganistán y Colombia. La regulación de todas las drogas ilícitas se vislumbra como la única solución viable y sostenible al problema del narcotráfico, un sector que amparado en la ilegalidad obtiene ganancias masivas y aglomera un vasto poder coercitivo. La prohibición, y la insensata guerra que la acompaña, no es sólo inviable sino que también es muy costosa: estudios de RAND Corporation han demostrado que por cada $7.3 dólares que se invierten en organizaciones policiacas en la lucha contra las drogas se reduce la misma cantidad de cocaína que con un dólar invertido en tratamiento. Por cada $10.8 dólares destinados a seguridad fronteriza se mantiene la misma correlación. La ilegalidad infla artificialmente el precio del producto, a grado tal que la ONU estima que deberían decomisarse tres cuartas partes de toda la producción global de drogas para alcanzar un impacto significativo sobre las ganancias de los cárteles. Se estima que sólo un 40% de la producción total de cocaína es decomisada cada año. El modelo de erradicación ha tenido éxito en ciertos países pero a expensas de otros. En Colombia los suelos dedicados a la siembra de coca han caído en un 60%, en ese mismo periodo la producción se desplazó a Bolivia y Perú, aumentando en un 42 y un 55% respectivamente. Pero además, al igual que los decomisos, las cifras de erradicación resultan muy engañosas. La falta de tierras para cultivo ha sido compensada con avances en la productividad, prueba de ello es que Naciones Unidas ha estimado que la producción global de cocaína ha aumentado 10% con respecto a 2005. El narcotráfico a diferencia del modelo de la prohibición, es un sector muy pujante en lo que respecta a la innovación. Por ello la producción de tachas ha aumentado en México a pesar de que las autoridades trataron de cortar su suministro de insumos prohibiendo la importación de MDMA de Asia. Los cárteles han encontrado la forma de producir estos insumos a escala nacional utilizando químicos relacionados con la perfumería. Las palabras de O´Rourke no pueden ser más ciertas. La prohibición se relaciona más con la idolatría al poder, el dogmatismo y la ignorancia que con las sustancias prohibidas que aspira ilusoriamente erradicar.

Para aunar más: California por la legalización

jueves, 27 de mayo de 2010

Contra la 1070 ...y contra México

La ley antiinmigrante de Arizona (la demasiado renombrada 1070) ha desatado un encarnado enfrentamiento político. Como argumentaré en el siguiente artículo una legislación como ésta atenta contra la realidad demográfica, migratoria, económica y social de los Estados Unidos; pero esto puede también ser una importante oportunidad para llevar a cabo un muy necesitado ejercicio de autocrítica en México.

En nuestro mundo nómada Estados Unidos es uno de los principales protagonistas. Se estima que entre 2000 y 2006 la primera potencia global recibió 500,000 inmigrantes ilegales al año, principalmente provenientes de México y Centroamérica. Estos migrantes poco calificados toman empleos en los que la población nativa no está dispuesta a trabajar. Y EEUU es sólo un reflejo exacerbado de un fenómeno global. En 2008 un total de 200 millones de seres humanos, el 3% de la población global eran inmigrantes. La ONU estima que sus números se duplicaron con creces en los últimos 40 años. Y esto ha beneficiado a todas las partes involucradas, incluido Estados Unidos. En los últimos 20 años el crecimiento de las naciones miembros de la OCDE se dio a la par de un crecimiento de la cantidad de migrantes ilegales ingresando a estos países. La Ley 1070 ignora todos estos hechos. La gobernadora de Arizona Jan Brewer publicó una carta justificando la ley bajo el argumento de la escalada de la violencia en su estado, relacionando a la migración con dos actividades ilícitas (muchas veces afines): el narcotráfico y la trata de personas. En la carta la gobernadora condena el boicot y argumenta que: “En el 2009, Phoenix tuvo 316 casos de secuestros, convirtiendo la ciudad en la capital de secuestro de nuestra nación. Casi todas las personas secuestradas eran inmigrantes ilegales o estaban vinculadas con el narcotráfico”. Este argumento, como demuestran las cifras anteriormente citadas, es reduccionista e innegablemente defiende una agenda meramente política. Entre el 10 y el 15% de la población empleada gringa nació afuera del país. The Pew Hispanic Center declaró que en EEUU hay más de 45 millones de latinos, representando el 15% del total nacional y de acuerdo al Hispanic Association on Corporate Responsibility cuenta con un poder adquisitivo de $850 mil millones dólares. Y este peso demográfico / laboral no es proveniente de actividades ilícitas como quiere argumentar la gobernadora Brewer. Para 2008 había 32 millones de hispanos mayores de 16 años de los cuales el 69% eran parte de la economía formal. La inmensa mayoría de los latinos en EEUU son personas trabajadoras y decentes que están enriqueciendo cultural y económicamente a la primera potencia mundial. La inseguridad no es un problema grave en Arizona y no está creciendo, está disminuyendo. El 2006, 2007 y 2008 fueron los años con menor tasa de crímenes violentos desde 1983. La tasa de este tipo de criminalidad cayó de 577.9 por cada 100 mil habitantes en 1998 a 447 por cada 100 mil en 2008. Los argumentos de Brewer son infundamentados. Además están agregando un bono demográfico que ha ayudado a Estados Unidos a evadir el problema de envejecimiento colectivo al que se enfrenta la Unión Europea. Casi una tercera parte del crecimiento poblacional de Estados Unidos (de 2.1 hijos por mujer, el tan ambicionado reemplazo generacional) se debe a la migración. Para mediados de siglo 86% del crecimiento poblacional gringo estará directamente vinculado con la migración. Sin importar la etnia, los inmigrantes ilegales que han entrado y entrarán han puesto las bases para tener una población joven y trabajadora, que ayudará a que los actuales defensores de la Ley 1070 gocen de pensiones y prestaciones sustentables una vez que se retiren. Para el periodo entre 2030 y 2050 los hispanos representarán el 60% del crecimiento poblacional y para la quinta década del siglo XXI serán la primera minoría en EEUU. Para citar al comediante liberal Bill Maher los defensores de esta medida son “abusadores” que no realizan que “la gente café se reproducirá hasta llegar al poder”. Una ley como la 1070 es anacrónica y delirante. Irónicamente los estados con mayor población hispana son Arizona (44%), Texas y California (ambas con 36%). Una encuesta realizada en Mayo por el Pew Research Center demostró una tasa de aprobación del 73% (con un 62% de aprobación a las detenciones arbitrarias, tendencia muy autoritaria que les ha encantado a los gringos desde el 11 de septiembre) lo que demuestra un apoyo de la comunidad latina. Pero eso no dota a la 1070 de sensatez o coherencia.

…Y la autocrítica

En México ingresan aproximadamente para llegar a EEUU 200 mil migrantes ilegales al año, la mayoría de Centroamérica. Los abusos de nuestras autoridades son comunes, como las violaciones a mujeres y el robo de sus pertenencias. En este sentido las palabras del director del gran documental De Nadie resultan preocupantemente ciertas: “Sólo para entrar a México, muchos de los migrantes sufren robos y abuso sexual. Ellos ya saben que se arriesgan a eso, pero lo hacen por la pobreza en la que se encuentran. Lo que no imaginan es todo lo que falta después de entrar a México". De acuerdo a Amnistía Internacional 6 de cada 10 mujeres y niñas migrantes sufren violencia sexual por parte de delincuentes (en especial las maras) autoridades y traficantes de personas. Urge instaurar sistemas para que los migrantes puedan canalizar las violaciones a sus derechos fundamentales, recuperar el espacio público de las garras de la delincuencia organizada y reformar para tener un sistema policiaco operante y digno. La Ley 1070 atenta contra la ética. Pero la situación en nuestro país nos resta credibilidad para abogar por nuestros migrantes.

La migración como fenómeno global:

La negación de nuestro mundo nómada: la migración

jueves, 6 de mayo de 2010

Deepwater Horizon y la adicción gringa al petróleo

El desastre de la plataforma petrolera Deepwater Horizon tendrá duras implicaciones para la política energética de Estados Unidos y el cambio climático en todo el planeta. El debate para alcanzar un impuesto a las emisiones de carbono se ha empantanado por dos posturas, ambas erróneas: la de algunos Republicanos que aminorizan el papel de los hidrocarburos en el cambio climático y la de agrupaciones de Demócratas que sacan de proporción la capacidad de Estados Unidos para abandonar el petróleo como su fuente de energía primordial en el futuro cercano. Los norteamericanos consumen 25% de todo el petróleo del planeta, cuando su volumen probado de yacimientos no rebasa el 3% mundial. Los yacimientos estimados en zonas alternativas cómo el ártico aumentaría esa capacidad de producción doméstica en un minúsculo 0.1%. Además del problema de la capacidad productiva existe otro muy serio de plazos de tiempo. De comenzar la explotación de yacimientos hoy, el crudo llegaría a las refinerías en un periodo aproximado de 10 años (dependiendo de las características de cada pozo). Esto genera un problema de dependencia cuyos impactos van mucho más allá del sector energético global: el apoyo a regímenes autoritarios o de Estados fallidos como Venezuela, Irán, México, Rusia o Nigeria. Este apoyo a regímenes con grandes limitantes operativas también pasa factura al medio ambiente. En Nigeria ha habido desastres petroleros en la zona del Río Níger cada año desde 1969. Y a pesar de la actual crisis los números respaldan este argumento. Entre 1980 y 1984 hubo en EEUU derrames de crudo equivalentes a 2.5 millones de galones, para el periodo 2000-2004 esa cantidad había caído a 12 mil galones. En este sentido un Estados Unidos con mayor capacidad petrolera doméstica podría ejercer un mayor control sobre los estándares de seguridad de la industria y aminorar sus impactos negativos sobre el medio ambiente. En México nuestro sistema de subsidios y nuestro distorsionado aparato fiscal (que es la raíz de nuestros problemas de exclusión, disparidad y violencia) se originan en nuestra moribunda paraestatal petrolera Pemex. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación por gasolina y diesel altos en azufre ocasiona 7 mil muertes en nuestro país al año. Los regímenes autoritarios de Irán y Rusia se sostienen gracias a la adicción gringa a su petróleo. Este consumo rapante de la primera potencia global ha influenciado profundamente el rostro de la geopolítica global. Una de las demandas de los Republicanos para alcanzar un consenso en torno al cambio climático ha sido condicionada a aumentar la explotación petrolera en las costas de EEUU (junto con la ampliación de la energía nuclear). Obama estaba al borde de promover la medida, la crisis del Deepwater Horizon la ha detenido súbitamente. Esto aleja a Estados Unidos de la independencia energética que tanto ambiciona. Una de las condicionantes de alguna posible reforma para atender las emisiones estadounidenses ha caído para priorizar la innegable contingencia. Y nos somete a muchos países del planeta a la maldición de la adicción al petróleo de EEUU.

martes, 13 de abril de 2010

Una buena noticia para Juárez

En un país como México es muy necesario encontrar lo positivo en lo sutil, en aquellos logros que se nublan y llegan a perderse en aquél inmenso océano de desesperación del narcotráfico, la disparidad, los monopolios y otra infinidad de infamias. En un artículo anterior titulado Para recuperar Juárez hablaba de la importancia de mantener una presencia coercitiva en la capital de Chihuahua pero coordinada con programas sociales que generen mejores condiciones para su olvidada juventud. Sólo así rescataremos a Juárez y a sus jóvenes de las alternativas monopólicas del sicariato y la delincuencia. Ciudad Juárez es una metrópoli fronteriza cuya maldición y salvación es colindar directamente con la gran potencia de occidente: Estados Unidos. Y esta dualidad se refleja en la economía de esta lacerada y violenta capital: el sector manufacturero, con 300 parques industriales, representa aproximadamente el 45% del Producto Interno Bruto (PIB) de todo el estado. Esto convirtió al lugar en una centro urbano cosmopolita y pujante, un punto de encuentro de dos grandes y muy diferentes naciones. Cuando la economía norteamericana colapsó en 2009 ochenta y dos maquiladores entraron en paro (25 por ciento de las 330 existentes) lo que afectó a más de 35 mil empleos directos del sector. A finales del 2009 el INEGI reportó 3.5 millones de personas desempleadas, de las cuales aproximadamente 2 millones eran jóvenes. La bendición de la cercanía al imperio se había convertido de pronto en condena. A esto se suma el tráfico de cantidades masivas de enervantes hacia El Paso, Texas. Según la DEA unas 506 pandillas operan en la ciudad entre la que destacan Los Aztecas, responsables del asesinato de 16 estudiantes y de un funcionario del consulado gringo. Los Cárteles han aprovechado la existencia de esta base criminal para convertir a Ciudad Juárez en una de las plazas de tráfico más importantes en nuestro país. A esto se suma que el estado de Chihuahua es un punto de paso para el comercio a Sonora, Sinaloa, Durango y Coahuila lo que facilita el contrabando ilegal. Por ello el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CIDAC) considera a la capital de Chihuahua como el punto de tráfico más importante para los Cárteles de nuestro país. De este alud de malas noticias y retos hoy se publicó una muy buena noticia. Las exportaciones Mexicanas a EEUU se incrementaron 32.6%, señal de la recuperación de la economía gringa. Esto representa para un centro maquilador como Juárez una gran noticia. Pero debe llevarnos a prever cuando la situación empeore. En 2006 el comercio de México con Estados Unidos representó casi del 90% de las exportaciones y el 55% de las importaciones. Nuestra economía se encuentra demasiado ligada a la de EEUU, lo que nos pone en una situación de extrema vulnerabilidad considerando el poder de los cárteles de traficantes mexicanos y la violencia ligada a éstos. Parte de una estrategia integral contra el narcotráfico debería considerar la diversificación de nuestro comercio, lo que nos blindaría de los embates de las desaceleraciones económicas recurrentes. Sentaría las bases para un crecimiento robusto y constante que impacte la infame exclusión y disparidad que aquejan a nuestro país. Hoy hubo buenas noticias para Juárez y todos nuestros estados fronterizos. Pero eso no debe negarnos la posibilidad de planificar a futuro.

lunes, 12 de abril de 2010

California por la legalización

La guerra contra el narcotráfico ha continuado y la situación no parece mejorar. En los primeros 34 días del 2010 se alcanzaron las primeras mil muertes relacionadas a esta industria, en 2009 tomó 51 días alcanzar esta cifra. El gobierno se ha escudado en la inmediatez, argumentando que esta escalada de la violencia ha alcanzado un pico y que sus detonantes se deben a los logros de la guerra contra el crimen organizado, como la muerte de Arturo Beltrán Leyva a manos de efectivos de la Marina en diciembre del año pasado. El segundo argumento parece lúcido, la reconfiguración de las líneas de mando tras la muerte de un capo ha sido un escenario probado por la historia del narcotráfico en México. El primero puede responderse con una réplica que Jorge Luis Borges hizo sobre su país natal Argentina: ¿el fondo tiene fin? O para este caso, y parafraseando al maestro de la metafísica literaria, ¿el pico de muertes en verdad representa un límite? En este sentido lo declarado por “El Mayo” Zambada, uno de los capos del Cártel de Sinaloa, a Julio Scherer resulta preocupante: “El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí” (Proceso, 3 de abril de 2010). Todo apunta a que estamos encausados en una guerra sin victoria posible, un ciclo infinito de renovación de cuadros de las mafias fundamentado en la exclusión y el desgastado y fracasado modelo de la prohibición. Estados Unidos ha invertido más de $25 mil millones de dólares en nuestra región en los últimos 15 años a esfuerzos de erradicación, sin embargo el precio neto de la cocaína y la heroína ha bajado mientras ha aumentado su pureza, prueba irrefutable del aumento en la producción y trasiego del narcotráfico. A esto se suman problemas que no se debaten en los medios masivos de comunicación, como la degradación del medio ambiente ligada al narcotráfico y los esfuerzos de erradicación. Por ejemplo los programas de erradicación en Colombia esponsoreados por EEUU han contribuido a la pérdida de 1.75 millones de hectáreas de bosque tropical en la nación cafetalera. Las drogas deben legalizarse bajo esquemas regulatorios, no existe otra alternativa. Y aunque las medidas para la legalización se sientan distantes el estado de California nos está mandando buenas noticias. Activistas lograron recabar 694,248 firmas (de 433,971 requeridas) para votar la legalización de la mariguana en ese estado para noviembre. Bajo la propuesta los ciudadanos mayores de 21 años podrían portar 28.5 gramos de mariguana para consumo personal, llevando a otro nivel la medida que permitió el uso medicinal del enervante en 1996. Tras la reforma californiana 13 estados y el distrito de Columbia ajustaron sus marcos regulatorios en este sentido, convirtiendo a EEUU en el primer productor de mariguana mundial (con California encabezando la producción doméstica). Una encuesta realizada en el estado en abril del 2009 mostró que 56% de los encuestados estaban a favor de la legalización. Además la medida se da en un momento de profunda dificultad para el fisco californiano que enfrenta un déficit de $20mil millones de dólares. La legalización traería consigo mil millones de dólares en entradas por impuestos, mientras que reduciría el costo de procesar y encarcelar a consumidores que no son delincuentes. Lo que resulta aún más importante es que este escenario se asemeja mucho a la finalización de la prohibición del alcohol en la década de los 30, cuando en un entorno de crisis económica los estados comenzaron a tomar el camino de la regularización. La mariguana podría seguir el mismo sendero. Y al tomar en cuenta que más de la mitad de los ingresos de los capos mexicanos vienen exclusivamente de la mariguana las noticias provenientes de california no podrían ser mejores. Le podrían cambiar el rostro a una guerra que, por ahora, no parece tener fondo ni parece tener fin.

Para ampliar el necesitado debate:

La guerra contra el narcotráfico: una reflexión

jueves, 8 de abril de 2010

La izquierda mexicana y la Habana: la tan necesitada congruencia

Una de las características que más me habían alejado de la izquierda en México era su falta de coherencia. Mis coincidencias son muchas, y lo he manifestado en este espacio: los derechos de los homosexuales, la necesidad de acabar con los monopolios privados (pero también los públicos), la oposición a la errada pena de muerte, su política urbana de recuperación de espacios públicos en el DF etc. Pero mis puntos de discordia chocan con mis coincidencias, y a veces las primeras abruman a las segundas: el apego a las prácticas autoritarias del viejo régimen como el acarreo, la defensa discursiva-ideológica del nacional revolucionario más recalcitrante del obradorismo, su postura dogmática y errada hacia el sector energético, su política urbana choca con proyectos nefastos como la construcción de segundos pisos, su nacionalismo que roza en la xenofobia (y que la derecha comparte, ver artículo). Pero uno de mis puntos de mayor divergencia era el discurso de la izquierda en torno a los derechos humanos: éstos deben defenderse en la guerra contra el narcotráfico en México pero en Cuba eran un tabú intocable (o más bien un tema de segunda categoría ante la “intervención imperialista” entendida bajo la perspectiva de la Guerra Fría). La falta de coherencia en este punto restaba a la izquierda en México de una enorme cantidad de credibilidad. Pero esta postura incoherente y cínica acaba de dar un giro inesperado. El día de ayer (7 de abril) Jesús Ortega declaró que su partido el PRD, defiende los derechos humanos en todo el mundo incluyendo Cuba. Se pronunció en contra del anacrónico bloqueo económico impuesto por Estados Unidos y dijo que su terminación resultaría vital para impulsar los cambios sociales, políticos y económicos que la nación caribeña tanto necesita. Esto es una afirmación clave. El apoyo más grande a la dictadura es el bloqueo y finalizarlo forzaría a una apertura al diálogo o cuando menos generaría condiciones más propicias. Saúl Escobar, secretario de Relaciones Internacionales del CEN del PRD, desvinculó a la disidencia interna de la intervención extranjera (una de las armas discursivas del régimen de los Castro) y planteó la necesidad de “que el gobierno de Cuba debe responder a algunas de las demandas planteadas por los presos cubanos en el marco de su legalidad, en el marco de su propia soberanía para que se mejoren las relaciones dentro de Cuba entre la sociedad y el gobierno” y remató diciendo que "todo país requiere una evolución democrática y Cuba requiere una evolución democrática". Las declaraciones del líder del Partido de la Revolución Democrática y su secretario de Relaciones Internacionales fueron matizadas argumentando que estos cambios debían hacerse sin intervención extranjera alguna y manifestaron su preocupación por una campaña de la derecha cubana y la norteamericana contra Cuba. Esto resultaría el único punto desafortunado y criticable de lo externado por la dirigencia perredista. La derecha gringa no tiene porque involucrarse en la transición de la isla, sin embargo la situación de la diáspora cubana es otra. De darse una “evolución democrática” es necesario que todos los actores sean considerados a pesar de la pluralidad ideológica, incluyendo a la derecha exiliada principalmente en Miami. Lo que la derecha debe comprender por su parte es que de darse un proceso de transición, aún distante, deberán negociar con los cuadros comunistas de Cuba que aún mantienen el poder. Pero volviendo al PRD, estas declaraciones resultan de enorme importancia ya que distancian a su cúpula dirigente del modelo cubano y del proyecto venezolano vagamente anticapitalista, medianamente xenófobo y a favor de un control estatal fuerte (y por ende a favor del nefasto control monopólico). También marca una brecha, aún no total, de las inclinaciones que presenta la izquierda en nuestro país hacia el autoritarismo. Pero estas implicaciones intangibles también se entrelazan con medidas legislativas. En este momento el PRD está proponiendo legislar para que las recomendaciones pronunciadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) tengan carácter obligatorio y no sean solo de carácter enunciativas. Las declaraciones hacia Cuba fortalecen esta postura y dotan a la izquierda de una congruencia que le hacía mucha falta.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La guerra contra el narcotráfico: una reflexión

La última visita del Presidente a Ciudad Juárez debe conducirnos a una reflexión genuina entorno a la guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Esto requiere escapar a la tiranía de la inmediatez y el sano distanciamiento de los intereses políticos. Ayer el Presidente respondió a las acusaciones de la sociedad civil juarense con un argumento que en un extremo era estadista y en el otro era metafísico: primero recalcaba la necesidad de apegarse a datos duros (haciendo referencia constantemente a los cuantificables homicidios) para luego argumentar que una mejora en la percepción ciudadana ayudaría a estigmatizar a la delincuencia y sus actividades afines, lo que traería resultados a las laceradas calles de Ciudad Juárez. Esto es muy rebatible y para dar la razón al Presidente en la primera parte de su argumento, habría que comprobar si existe correlación alguna entre la percepción ciudadana y la disminución de la tasa de criminalidad. Entiendo absolutamente la defensa política de lo que se ha convertido en la principal prioridad de esta administración pero eso no debe bloquear la posibilidad de enriquecer y mejorar la calidad del debate. El narcotráfico y la delincuencia organizada son un problema real cuya evolución histórica es demasiado compleja para caer en reduccionismos acusatorios. Esta es la postura que ha adaptado la oposición, en particular y muy gravemente la izquierda. Resulta vital que la izquierda promueva una agenda social para hacer frente a la inseguridad, como programas de educación y empleo para jóvenes en zonas dónde se presenten los índices más altos de sicariato. La actual administración es de derecha y ha hecho algo muy acorde con su naturaleza histórica: el uso de la coerción. Es innegable que es necesario el uso de la fuerza para hacer frente al narcotráfico, pero la condena poco propositiva de la oposición (que no quiere “ensuciarse las manos”) condena a esta guerra a una brutal miopía operativa. Parte de vivir en un sistema democrático es que las corrientes ideológicas tienen la libertad de implementar políticas acordes, lo que sumado a la pluralidad debe traducirse en medidas que ataquen los problemas por diferentes flancos. La fuerza de la derecha resulta vital para atender el problema inmediato, los grupos de traficantes violentos que se dedican al homicidio, a la extorsión y el secuestro. Las medidas progresivas y sociales deberían hacerse presentes para dar soluciones al mediano y largo plazo, las políticas de educación, de apoyo para el empleo y las relacionadas a la lucha contra la disparidad y la exclusión. La oposición en México (más allá de la ideología) tiene una cultura de confrontación dogmática con la fuerza política en el poder, lo que está resultando en un manejo monopólico de la agenda pública. Es irresponsable asumir que, en democracia, las fuerzas políticas pueden abstener su involucramiento en los grandes problemas nacionales. Es una práctica nociva y reprobable. Y volviendo a la baja calidad del debate repasemos lo que ayer el presidente no dijo sobre la guerra contra el narcotráfico: 90% de las armas decomisadas al crimen organizado son traficadas desde EEUU ¿Qué se está haciendo? ¿Hay medidas binacionales en curso? ¿Ha aumentado o ha disminuido el flujo? Las policías en México son corruptas, ineficientes, mal pagadas y mal entrenadas ¿Existe un proceso de reforma? ¿A qué se encamina? ¿Se ha considerado la tan debatida posibilidad de instaurar una policía única nacional? Se sabe que la mariguana representa más de la mitad de los ingresos de los cárteles mexicanos y en EEUU ya existe una muy laxa forma de legalización ¿No valdría la pena legalizar –bajo esquemas regulatorios claro está- la mariguana? El Ejército es una institución cuya función es salvaguardar, por todos los medios, la seguridad nacional pero no la pública. Involucrar a las Fuerzas Armadas en este conflicto las expone a la corrupción de los cárteles y las exhibe políticamente, lo que puede resultar riesgoso para la consolidación de nuestra democracia ¿Hay algún plazo para que el Ejército abandone las calles? ¿No podemos fijarnos fechas –gobierno y sociedad- como lo hicieron los gringos para Irak? Esto permitiría plantear escenarios y llevar a cabo evaluaciones más concretas. La guerra contra el narcotráfico no puede seguir así. Debemos responsabilizarnos colectivamente con el problema la sociedad, los gobiernos y los partidos políticos para darle solución. Y eso requiere de una conjunción de medidas que le conciernen a todos los actores y a todos los espectros ideológicos. Este es el único país que tenemos, no hay otro. Y debemos responsabilizarnos con él.

Para ampliar el tan necesitado debate:

Para recuperar Juárez
Una visión cruda de la guerra contra el narcotráfico
Narco S.A.
La muerte de Beltrán Leyva
Portugal: una esperanza en la insensatez de la prohibición
¿Y si legalizásemos las drogas?

sábado, 20 de febrero de 2010

Los Restos de Copenhague

Las derrotas jamás son totales. En los escombros de lo perdido siempre podremos encontrar vestigios de victorias aquellas marcas imborrables de los éxitos que, por más pequeños que sean, siempre estarán allí como una cicatriz en la infinidad de la construcción del tiempo. Y aunque tendemos al melodrama de la totalidad, aquella inercia que nos guía al derrotismo más profundo o al delirio de la victoria más abrumante, estos dos estados siempre se manifestarán a medias tintas. Esto aplica a la Cumbre de Copenhague aquél encuentro de las naciones que tenían la épica tarea de reemplazar el Protocolo de Kioto con un nuevo tratado global que vinculase a las potencias globales, a las emergentes y a los países pobres en un compromiso para disminuir sus emisiones de CO2 evitando un cambio climático catastrófico más adelante en este siglo. La Cumbre fracasó en esta aspiración y el tratado emanado de ésta fue tachado como una abrumante derrota. Y aunque en base a esta aspiración sin lugar a duda lo fue, algo se logró de este encuentro global. Las naciones se comprometieron, si ningún tratado de por medio, a bajar sus emisiones de bióxido de carbono lo más posible. La suma de esa reducción no basta. Con los niveles actuales existe el riesgo de aumentar las temperaturas entre 1.7 y 4.7°C en 90% para 2100. El límite impuesto era de 2°C hacia finales de este siglo. Esta insuficiencia es sin lugar a duda una derrota. Pero antes de la cumbre las reducciones totales de emisiones globales eran de 3.6 miles de millones de toneladas de CO2. Tras la cumbre aumentó a 5 mil millones de toneladas. 4.2 de ese ahorro será contribución de los países en desarrollo. Esto representa un aumento de dos tercios previo a Copenhague. La mayoría de esta reducción proviene de planes relativamente baratos de reducción de emisiones implementados principalmente por Brasil e Indonesia. La deforestación contribuye al 20% de las emisiones de CO2 anuales. La voluntad de las naciones en subdesarrollo se manifestó en la Cumbre y representa una pequeña victoria que nadie percibió. El problema recae en los países ricos, sobretodo EEUU. Los norteamericanos deben aprobar pronto un sistema de gravámenes sobre sus emisiones, lo que traería consigo una participación mayor de China y un aumento en la reducción de la Unión Europea. Detener la deforestación es una medida más costeable y de alto impacto para abatir el cambio climático, el problema es que no resulta sostenible. De tener éxito las tasas de deforestación podría llegar a cero para 2030. De no tomar otras medidas paliativas las emisiones de otros causantes podría aumentar y las soluciones se volverán más difíciles de implementar (como llevar al sector eléctrico a una transición de la generación de energía por medio de carbón hacia fuentes nucleares). A pesar de estos retos hubo pequeñas victorias en la gran derrota danesa. Pero para encontrarlas primero hay que buscar en el monolito derrotista que a veces nos ciega.

Para aunar más:
Dinero, por árboles
Hacia mediados de siglo
Una cuestión de población
Pobreza y cambio climático
Los olvidados y la energía
Dinero por árboles, en la práctica

viernes, 29 de enero de 2010

Estados Unidos y el mundo deben quedarse en Haití


El terremoto en Haití represento una tragedia de proporciones épicas y la respuesta del mundo no se quedó corta ante las circunstancias. China, Francia, Estados Unidos, Venezuela, Cuba y México, entre muchos otros, enviaron destacamentos militares, grupos de rescate, médicos, buques hospital etc. Esto se sumó a la ayuda masiva de ONGs, empresas y particulares. Hasta el momento se ha amasado una ayuda equivalente a $2 mil millones de dólares, cantidad que resultará difícil canalizar y hacer llegar a los habitantes del país más pobre de América Latina y el Caribe. El problema reside en que la masividad de la ayuda no rebasa en forma alguna la escala de la tragedia. Las estimaciones más catastróficas estiman que 300 mil vidas se perdieron en el terremoto. Un millón de haitianos quedaron sin hogar y más de cinco mil prisioneros escaparon de las cárceles colapsadas. La infraestructura y las bases de datos gubernamentales desaparecieron totalmente. Ante este difícil panorama se suma la temporada de huracanes que comenzará en verano. Y antes de la crisis la situación de la primera nación negra independiente no era nada alentadora. Su PIB per cápita oscilaba en los $1,300 dólares mientras que el promedio de América Latina se acerca a los $10 mil. Más de la mitad de su población (9 millones previa al temblor) se encontraba en condiciones de pobreza extrema. Haití es el país en situación más crítica de la región y esta catástrofe sólo la empeorará. La presencia militar de Estados Unidos y de Brasil (presente antes del terremoto) deberá mantenerse para ayudar a las autoridades gubernamentales a mantener cierto grado de orden y estabilidad para emprender un intento de reconstrucción que se vislumbra prácticamente imposible. A esta presencia se suma la de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) con 9 mil integrantes en sus filas que incluyen militares y funcionarios que llevan más de 10 años en la isla. Fidel Castro criticó la presencia militar norteamericana y la calificó como una “invasión”. Lo que el vitalicio gobernante de Cuba no criticó fue el destacamento carioca; además ambos desplegados llevan a cabo tareas de seguridad y logística que permiten a los médicos enviados por la Habana llevar a cabo sus tareas. La geopolítica y las ideologías deben hacerse a un lado, la gravedad de la situación lo amerita. Y eso me lleva a mi tercer y más polémico argumento. Haití ya era una nación profundamente lacerada por inestabilidad política, violencia y exclusión social previa al terremoto. Históricamente Estados Unidos ha interferido en Haití con el único objetivo de mantener o derrocar gobiernos autocráticos y opresores, como Papa Doc en la década de los setenta o Jean-Bertrand Aristide en 1994 y 2004. Ahora le toca a Estados Unidos (encabezando a otros países) prolongar su presencia en Haití no con un afán de ocupación sino de reconstrucción. Por ahora la tan idealizada soberanía de los pueblos debe hacerse a un lado. De mantenerse a los haitianos les espera un futuro marcado por la pérdida y la tragedia en una proporción inimaginable.

viernes, 22 de enero de 2010

Narco S.A.


La muerte de Beltrán Leyva a finales del 2009 marcó una victoria en la guerra contra el narcotráfico, pero fue un triunfo con un tinte amargo. Y aquella característica es inherente a la prohibición de las drogas: capo que cae pronto será reemplazado y tarde o temprano, tras violentas purgas al interior de las mafias, se definirán nuevas líneas de mando. El problema reside en encontrar soluciones a la larga y por ello desde este foro he externado la necesidad de legalizar –bajo una estricta regulación- el mercado de las drogas por ahora ilícitas (ver artículos 1, 2 y 3). En los últimos tres años 15 mil vidas se han perdido en esta guerra y la violencia no parece ceder. El problema es que el belicismo a raja tabla de la prohibición ignora por completo la naturaleza de los cárteles de la droga, desde su capacidad organizativa hasta sus particularidades como negocio. Para atestar golpes más efectivos debemos comprender a las mafias de narcotraficantes como empresas más que como organizaciones delictivas de enorme poder. La primera gran omisión que fortaleció a los cárteles mexicanos fue la absoluta ignorancia de la adaptabilidad del sector y de su capacidad para establecer rutas de contrabando con nuevos agentes. En la década de los ochenta y principios de los noventa la mayoría de la cocaína arribaba a Estados Unidos por el caribe, entrando por Florida. El cierre de esa ruta desplazo el tráfico hacia México: el actual tercer aliado comercial de la potencia norteamericana, con una población de más de cien millones de habitantes y con quién comparte más de dos mil kilómetros de frontera ¿Resulta conveniente cerrar la ruta del caribe para desestabilizar a nuestro país cuyo peso regional es innegablemente superior? En este periodo los cárteles mexicanos pasaron de intermediarios a protagonistas en el tráfico de drogas regional: en 1991 50% de la cocaína de EEUU entraba desde México, para 2004 el 90%. El Plan Colombia fue otra medida que no previó las implicaciones regionales de la guerra contra las drogas. El desmembramiento del Cártel de Cali y el de Medellín creó grupúsculos de traficantes que fortalecieron a sus contrapartes mexicanas más poderosas y mejor organizadas. Los cárteles colombianos dependen de la cocaína, los narcotraficantes mexicanos producen metanfetaminas, heroína y mariguana por lo que su mercado está mucho más diversificado. Geográficamente los precios de los productos aumentan según se aproximan a su destino final: un kilo de cocaína en Colombia cuesta $1,200 dólares, en Panamá $2,300, en México $8,300 y en EEUU según la distancia con México puede costar entre $15 mil y $80 mil dólares. Por ello siempre habrá agentes en la cadena de tráfico, los que mueran o sean arrestados son reemplazados. Entre el 50 y el 65% de los ingresos netos de las mafias mexicanas provienen de la mariguana, una droga que prácticamente se encuentra legalizada en EEUU bajo un esquema muy flexible de uso medicinal y que ha posicionado a nuestro vecino del norte como el primer productor mundial. Legalizar la mariguana sumada a una mayor apertura a la ruta del caribe lograría mermar significativamente los masivos márgenes de ganancia del narcotráfico en México. Además acabaría con el control que estas organizaciones ejercen sobre la mariguana que producen domésticamente, lo que asegura un abasto más continuo y genera ganancias que no representa costos con otras mafias. De acuerdo al Wall Street Journal en un operativo en la Ciudad de México se encontró un desglose de las ganancias de un cartel: el kilogramo de cocaína lo compran a sus contrapartes colombianos por $3,500 dólares, se vende en México en $8,200 dólares y la ganancia neta del cártel era de $18 millones. Hasta que nuestras autoridades no conciban al narco como negocio esta guerra continuará encaminada hacia el fracaso.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Las posturas de Copenhague


Ayer se filtró un borrador de un acuerdo en Copenhague el cual ya fue desechado esta mañana por las acusaciones de las naciones en desarrollo que dicen que beneficiaba a los países más ricos. Lo que ocurre en la cumbre climática es el debate de muchas posturas encontradas, lo que demuestra la complejidad del cambio climático como problema colectivo. Me parece un ejercicio importante sintetizar las principales corrientes y posturas que están chocando en la capital danesa.

Primero está la postura de las naciones más ricas entorno al Protocolo de Kioto, que vence en 2012. Este acuerdo vinculante sólo obliga a los países ricos a reducir sus emisiones, lo que resulta anacrónico ante el crecimiento de las potencias emergentes como India, China y Brasil. Las naciones más desarrolladas bajo el Protocolo pueden facturar reducción de emisiones en países pobres con el Clean Development Mechanism (CDM), con el que hacen transferencias de capitales para apoyar procesos industriales de bajo impacto ambiental. Un nuevo acuerdo climático vinculante que sea sustentable al largo plazo deberá imponer reducción de emisiones a los nuevos protagonistas de la economía global. Existe la idea de que la cooperación internacional para impulsar una transición energética en los países pobres se enfoque a disminuir los índices de riesgo de inversión e incentivar la transferencia de tecnología por medio de mercados de capital privados. Los mercados de capital han sido históricamente mucho más eficaces para propagar tecnologías que los programas gubernamentales y un ejemplo de ello son los teléfonos celulares.

La segunda postura es la de las potencias emergentes, en la que entra México. Defienden la idea de que el primer mundo debe asumir los costos del cambio climático, lo que resulta lúcido al saber que dos terceras partes de las emisiones liberadas a la atmósfera desde 1850 fueron producto de los países industrializados. Hu Jintao ya ha declarado que los países ricos deben aportar el 1% de su Producto Interno Bruto al año para garantizar la adaptación de los países pobres. Mi país, como ya he mencionado en este blog, ha propuesto la creación de un fondo global operado por el Banco Mundial para medidas paliativas y de adaptación al calentamiento global.

Existe una tercera postura que comparten las naciones pobres con importantes capitales naturales (como Guyana o Borneo). Éstos están a favor de programas como el Reduced Emissions from Deforestation and Degradation (REDD) que plantea transferencias directas a habitantes pobres de zonas de importancia natural como bosques tropicales y zonas costeras. La idea sería diversificar la actividad económica y reconocer el valor de los servicios naturales que estos lugares proveen. En Copenhague ya se propuso la idea de ampliar el REDD a medidas de conservación más allá de los bosques tropicales y selvas. En este grupo entran los Estados nación que son islas que consideran el aumento de los niveles del mar como una amenaza a su existencia.

Sobre estas dos últimas posturas descansa la problemática operativa más profunda de la Cumbre: crear un marco regulador para las transferencias millonarias entre las naciones ricas y pobres, garantizando medidas vinculantes que obliguen a los gobiernos nacionales a implementar los cambios necesarios encaminados a la sustentabilidad. Kioto no contiene nada relacionado a transferencias de esta naturaleza, lo que sería la otra gran omisión del protocolo. Estas son las principales posturas que se están enfrentando en la capital danesa. De acuerdo a expertos las medidas que se están debatiendo suman un 80% de la reducción de emisiones requeridas para mantener el aumento global de las temperaturas por debajo de los 2º grados centígrados establecidos por el PICC. Ahora debemos alcanzar los puntos de acuerdo que puedan fungir de base para encarar el problema colectivo más complejo de la historia.

martes, 1 de diciembre de 2009

Un lago de fuego del que no hay salida


Hace unos días escribí un pequeño artículo titulado México y el aborto, el cual me dejó con una deuda personal que ahora pienso saldar. En estos tiempos de libertad las divisiones ideológicas se han propagado de una forma imparable, generando aquellas “guerras de culturas” en las que distintos bandos defienden sus ideales ante diferentes problemáticas. El modelo económico, las libertades civiles, los derechos de las minorías… estos sólo son unos ejemplos de aquella interminable lista de temas que nos dividen y nos seguirán dividiendo. El aborto es una de las encarnaciones más lacerantes de estas divisiones y por ello es un abismo ideológico que resulta imposible cruzar, dónde el entendimiento entre las partes está condenado y simplemente no se vislumbra ninguna forma de reconciliación. Y eso me lleva a Lake of Fire, un documental realizado por Anthony Kaye (el director de American History X). Con 15 años detrás de su realización el director británico explora el tema del aborto en Estados Unidos. Lo que resulta impactante de este logro del género es que encara a ambos lados con sus argumentos y contradicciones. El documental abre con un aborto gráfico. Kaye lo filma todo en blanco y negro, lo que resulta un filtro que distancia a la audiencia de la crudeza de las imágenes. Según lo veía (y siendo una persona a favor de la elección de las mujeres) me estrujaba ver como el médico sacaba un brazo, luego una pierna y finalmente medio rostro. Algo había muerto, humano o no. El documental demanda esta reflexión constante, no cuenta con narración alguna en sus más de dos horas y media de duración, por ello hay que fijarse en cada imagen que el director dejó ahí tras el proceso de edición. Las secuencias gráficas de abortos están ahí para encararnos a los que estamos a favor con aquello que enfurece a los conservadores, pero ellos también son desmenuzados en esta realización. De ahí Kaye explora opiniones de ambos bandos hasta llegar al extremo de los conservadores cristianos gringos, que llegan a asesinar a doctores en nombre de Dios (cualquier similitud con los perpetradores del 11 de Septiembre parece mera coincidencia). Lake of fire es épica y, como el tema que explora, llega a resultar contradictoria y confusa. Ambos lados crean sus símbolos para promover y dar forma a sus causas. Las afirmaciones más sensatas de Noam Chomsky chocan con lo dicho por los predicadores cristianos, las imágenes de logro de los activistas proaborto deben enfrentarse a una mujer que tras abortar se quiebra en llanto. En 1964 Gerri Santoro murió en un motel tras un intento de aborto fallido. Su fotografía (enseñada en el documental) se volvió en el ícono de la causa liberal en EEUU, una mujer inocente asesinada por la intolerancia y aquella enfermiza idea de que nuestras instituciones pueden imponerse sobre la voluntad humana. Pero la misma idea podría aplicarse a aquél feto. Lake of fire es un ejercicio de reflexión único, que le escapa a la comodidad de los campos ideológicos y nos encara con nuestra complicada condición como seres inteligentes. Y más allá del desgaste emocional y las dudas que implanta demuestra una cosa: el enfrentamiento entorno al aborto es un lago de fuego del cual no encontraremos escapatoria.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Copenhague sigue viva


Estaba a punto de escribir un artículo en el que asumía el fracaso de la Cumbre climática de Copenhague y trataba de encontrar cuál sería el futuro sobre calentamiento global. Pensaba que era un derrotismo pragmático, porque más allá de la preocupación y la dificultad sigo seguro que se encontrará una solución, ya que simple y llanamente no hay otra opción. La visita de Obama a China había dejado mucho que desear. Era un encuentro necesario entre los que serán las dos potencias globales del siguiente siglo, ya por ello era un acercamiento valioso pero desilusionante. Ninguna de las dos naciones ponía metas de reducción de emisiones concretas, lo que finalmente impulsaría al resto del mundo hacia un acuerdo vinculante a escala global. Pero ha habido una vuelta de tuerca a la agenda climática. La Casa Blanca acaba de anunciar la asistencia de Barack Obama en la primera semana de las negociaciones en el país escandinavo y lo hará para anunciar metas concretas de reducción: 17% para 2020 con base a las emisiones de 2005, 30% para 2025, 42% para 2030 y 83% para mediados de siglo. China tampoco se ha quedado atrás, su Primer Ministro Wen Jiabao ha anunciado la meta de reducir las emisiones per cápita 45% para 2020 en base a los niveles de 2005. Este anuncio le ha dado un impulso a la condenada Cumbre y aunque no garantice que un pacto sea alcanzado es un compromiso medible de las dos principales potencias contaminantes del planeta. Obama tarde o temprano deberá pasar legislación sobre el tema, lo que se había paralizado ante la reforma a medicare y medicaid, el sistema de salud pública en Estados Unidos. Más allá de las dificultades hasta este momento la retórica de la reducción se había quedado hueca sin metas cuantificables. Copenhague sigue viva. Y aún es posible que se convierta en un evento histórico.

martes, 17 de noviembre de 2009

Las lecciones del Dust Bowl


Las uvas de la ira es un clásico de John Steinbeck que cuenta la historia de una familia forzada a exiliarse de su natal Oklahoma por la crisis económica, sumada a una brutal sequía que azotó la zona en la década de los treinta. La familia Joad se embarca en una odisea para encontrar tierra y con ello recuperar su orgullo y sustento. Este Premio Nobel de literatura de 1962 nos dejó un documento invaluable del Estados Unidos agrícola tras el colapso económico de 1929, retratando el drama humano y la búsqueda de dignidad de sus víctimas. Pero también nos advierte sobre la gravedad de un colapso ambiental, dejándonos importantes lecciones que en estos momentos son de enorme importancia. Lo que inspiró a Steinbeck a escribir este clásico fue el periodo conocido como el Dust Bowl, cuando una sequía prolongada se sumó a las prácticas agrícolas no sustentables en Oklahoma. La falta de rotación de cultivos terminó por erosionar los suelos, el arado a gran escala sin periodos de recuperación mató a los pastizales que mantenían la tierra húmeda y en su sitio. La sequía detonó un proceso de desertificación, convirtiendo la tierra fértil en polvo. El resultado fueron tormentas de arena masivas que afectaron 400 mil kilómetros de superficie alcanzando los estados de Texas, Nuevo México, Kansas y Colorado. El desastre se prolongó una década, para 1940 dos y medio millones de estadounidenses habían migrado huyendo de las condiciones climáticas adversas que afectaban los estados de las planicies norteamericanas. Las consecuencias del desastre se prolongaron y aún se le atribuyen migraciones masivas al interior de EEUU hasta 1970. En su clímax las tormentas del Dust Bowl alcanzaron más de 40 millones de hectáreas afectando sembradíos desde Texas hasta Canadá. Ahora aquél periodo de la historia se recuerda como el peor desastre ambiental del siglo XX. Pero lo que debe llamar más nuestra atención no es la envergadura de la catástrofe sino la repuesta gubernamental que dejó pautas que en este momento nos pueden guiar e inspirar. Cuando la administración de Franklin Delano Roosevelt comenzó en 1933 la economía se había colapsado, el desempleo aquejaba a una cuarta parte de la población económicamente del país y el Dust Bowl estaba condenando al desamparo a todo el sector agrícola de la costa oeste de EEUU. Ante este panorama el Presidente de EEUU promulgo el New Deal, 100 días de reformas estructurales encaminadas a recuperar el empleo, rescatar a la economía, activar programas antipobreza y reformar el sector financiero. Pero el rescate ambiental no fue excluido de los amplios alcances del New Deal. Para contrarrestar el desastre ambiental en las planicies de EEUU se creó el Soil Conservation Service al interior del Departamento de Agricultura, su misión era garantizar la conservación de los suelos y promover la recuperación ambiental. El gobierno compró ganado en condados devastados por entre $14 y $20 dólares por cabeza. Los animales que aún tenían posibilidades de sobrevivir fueron canalizados a familias necesitadas. La mitad fueron sacrificados pero a la larga muchas familias evitaron la bancarrota gracias al programa. Los Civilian Conservation Corps fue un grupo civil creado por el New Deal para dar trabajo a jóvenes desempleados. Roosevelt les ordenó que plantasen un cordón de 200 millones de árboles desde Canadá hasta Texas, la idea era que la reforestación ayudaría a frenar las tormentas de arena como una barrera natural, recuperando la calidad del suelo filtrando agua y restaurando nutrientes. El gobierno promovió programas de educación a los agricultores para que aprendiesen a rotar cultivos y a adoptar técnicas antierosión. Para 1938 la medida logró disminuir las tormentas de arena en un 65% (aunque la sequía se prolongó hasta 1939). Lo que el Dust Bowl nos demostró es que la acción gubernamental contundente puede aminorar y revertir las consecuencias de un quebranto ambiental. Por ello no podemos aceptar la pasividad de nuestros gobiernos ante el cambio climático.

jueves, 29 de octubre de 2009

Viviendo en un nuevo orden mundial


Para el politólogo Francis Fukuyama el “fin de la historia” era inminente tras la caída del Muro de Berlín. Aquella polémica tesis planteaba que tras el desarme del bloque de la Unión Soviética el mundo entero se encaminaría por un proceso prácticamente hegeliano en el que se alcanzaría una hegemonía global del modelo de democracia liberal y sus libertades económicas. Para Fukuyama ese es el “fin de la historia”, el triunfo total del modelo liberal occidental como modelo hegemónico mundial. Sin embargo la historia ha ido por un cauce muy diferente del que ha planteado Fukuyama: la adopción masiva del modelo de mercado tras 20 años de expansión económica sostenida, ha traído consigo la aparición de potencias emergentes tanto en el plano global como en el regional. En la actualidad las economías de India, Estados Unidos, la Unión Europea, China, Rusia y Japón representan el 75% del Producto Bruto Mundial y acaparan el 80% del gasto armamentista. Parece que lo que le falló a Fukuyama fue aquella convicción en la democracia liberal. Varias naciones del planeta adoptaron el modelo de economía de mercado pero eso no las ha encaminado necesariamente hacia un sistema democrático prácticamente por inercia. China ha crecido por encima de las dos cifras desde su entrada a la OMC en 2001 pero eso parece que no surtió efecto alguno sobre su sistema autoritario que ha endurecido más su control y prácticas de represión, aún tras celebrarse sus juegos olímpicos en 2008 en Beijing. Ahora este país continente es la segunda potencia global, que ha rebasado en emisiones de CO2 a EEUU y que será vital su participación para llegar a un acuerdo entorno al calentamiento global. Esto demuestra el relativismo en el que ha caído el concepto de la "potencia global", Estados Unidos podrá ser la primera potencia económica pero su peso ambiental es segundo ante China. Rusia también ha optado por una fórmula similar de autoritarismo con libre mercado. El experto en política internacional Richard N. Haass plantea que las condiciones de la política global nos están arrastrando a la era de la no polaridad. Esta tesis muy contraria a la de Fukuyama plantea que las condiciones geopolíticas actuales están dispersando el poder (político y económico) por todo el planeta a grado tal que ya no existen polos de poder fijos y que la etapa de la unipolaridad norteamericana está llegando claramente a su fin. Esta dispersión de poder es tal que ya ni siquiera los Estados Nación encabezan este nuevo mapa geopolítico, en vez de ello, lo comparten por lazos comerciales con otras naciones del planeta, con ONGs, empresas transnacionales, con los nuevos Estados “no alineados” como Irán y Corea del Norte, las potencias regionales, redes terroristas, cárteles de droga etc. Quién en esta época afirme que existe un “imperialismo” como en la Guerra Fría no capta la complejidad de este mundo más globalizado, interdependiente y con muchos focos de poder.

miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Y si legalizásemos las drogas?


La ONU ha estimado que el narco genera unos $320 mil millones de dólares anuales a nivel mundial. En Europa los decomisos de cocaína se sextuplicaron en 2006 en comparación con 1995. A pesar de estos golpes el precio del producto ha bajado, lo que ha llevado a las autoridades mundiales a interpretar que el abasto ha aumentado. Tres cuartas partes de los operativos se han realizado en España y Portugal, dos puertas de entrada históricas al tráfico de drogas en el viejo continente. Pero si una ruta es interceptada por los gobiernos, otras se abren sin problema. Veintidós por ciento de la cocaína que entró a Europa en 2007 venía de África, en 2004 era cinco por ciento. Para Febrero de este año las autoridades de la UE externaron su preocupación por la apertura de rutas de tráfico en la región de los Balcanes. En los 80 la mayoría de la cocaína destinada a Estados Unidos salía de Colombia vía el Caribe. Al cerrarse esa ruta se establecieron las alianzas entre los cárteles mexicanos y colombianos para utilizar nuestro país como enlace entre ellos y el mercado estadounidense. La producción de opio se ha desplazado en los últimos años de Turquía y Tailandia hacia Myanmar y Afganistán. En la actualidad el tráfico en esta nación ha sido factor clave para sostener financieramente a los talibanes y a células de Al-Qaeda que han estado al borde de acabar con el gobierno en Pakistán. El narco puede ser un peligroso actor en regiones amenazadas por conflictos civiles y pobreza como el Medio Oriente. Puede quebrantar el orden civil, financiar conflictos armados y en varias ocasiones reemplazar a los aparatos gubernamentales. En Latinoamérica, los cárteles han ampliado su influencia sobre la región andina, dónde Bolivia y Perú se han convertido en importantes productores. Las naciones centroamericanas se han visto amenazadas por la incursión de nuestras mafias en sus territorios, principalmente las perpetradas por Los Zetas. El narco se ha convertido en un aparato ilegal transnacional, con una capacidad operativa apabullante sumada a una enorme disposición de recursos.

Este 2009 se cumplen 100 años de la prohibición contra las drogas y el resultado no es nada alentador. De acuerdo al World Drug Report 2008 la producción de cocaína se ha mantenido estable en Bolivia, Colombia y Perú. Aunque la producción se haya mantenido estable la siembra de coca aumentó 16% con respecto a años anteriores, Colombia presentó un crecimiento mayor con un 27%. La producción de opio y sus derivados se duplicó entre 2005 y 2007 alcanzando 8 mil 870 toneladas, el 92% producido en Afganistán. La producción de mariguana disminuyó ligeramente entre 2005 y 2007 al pasar de 42 mil a 41 mil 400 toneladas. La aceptación general a su consumo se ha mantenido estable en un 3.9% entre 2005 y 2007. Las drogas sintéticas como la metanfetamina y el éxtasis alcanzaron una producción de 449 toneladas. Valdría la pena mencionar que una droga legal, el tabaco, mata a 5 millones de personas al año mientras que las drogas ilegales a unas 200 mil. Veinticinco por ciento de la población adulta mundial es adicta a esta droga cuyo mercado está regulado legalmente. La cantidad de consumidores de entre 15 y 64 años de edad se ha mantenido estable en los últimos cuatro años. Son 208 millones de personas (4.9% del total global) que han usado drogas durante los últimos 12 meses. De ese total se calcula que sólo 0.6% tienen problemas de adicción. Con la excepción de las drogas sintéticas, todos los otros mercados han experimentado algún aumento en el total de consumidores. De 2005 a 2007 el consumo de mariguana aumentó de 3.8 a 3.9 por ciento, el de cocaína de .34 a .37 por ciento y el de heroína de .27 a .28 por ciento. El uso de metanfetaminas cayó de .60 a .58 por ciento. Estas cifras se han presentado en un contexto en el que los decomisos han aumentado de manera constante.

En 1998 la Asamblea General de las Naciones Unidas puso como meta que se eliminara o se redujera significativamente la producción de cocaína, mariguana y opio para 2008. Las cifras reflejan el fracaso de este compromiso. Además es un compromiso muy fácil de asumir pero finalmente es ficticio e irresponsable. La prohibición ignora totalmente cómo opera el mercado de las drogas. Primero se puede adaptar rápidamente a cualquier interrupción en la producción y el tráfico, como ha ocurrido en el surgimiento constante de nuevas rutas. La producción de los diferentes estupefacientes se ha mantenido estable o ha aumentado, armando a poderosas mafias en el proceso. El comportamiento del mercado parece indicar que el precio de las drogas es determinado por los costos del tráfico y la distribución por encima de los de la producción. Fumigar plantíos a gran escala merma el grueso de la producción pero aumenta el precio del total restante. Los decomisos y la destrucción de parte de la producción han ido en detrimento de la pureza de las drogas, en particular la de la cocaína. Con ello se vuelven más dañinas para los consumidores. La prohibición no logra responder a la versatilidad del narcotráfico, si se logra tumbar la producción de opio en Tailandia simplemente se desplaza a Afganistán y si se cierra la ruta del Caribe el tráfico se va por México. Y los costos de la prohibición –humanos y económicos- rebasan con creces los beneficios. Estados Unidos gasta $40 mil millones de dólares al año en atacar la oferta, arresta a 1.5 millones de consumidores al año encarcelando a la mitad. En México la guerra contra los grandes cárteles ha dejado de saldo más de 6 mil muertos y ha consolidado un mercado de consumo interno. La prohibición además ignora totalmente los problemas sociales de las adicciones, como el rompimiento de familias y la propagación del VIH. Además es capaz de derrocar a gobiernos en los países productores, contribuyendo como un actor protagónico a la inestabilidad global.

La medida más sensata sería la legalización de todas las drogas. Así se podría asumir el problema desde otra dimensión, el de la salud pública. Ayudaría a discernir al consumidor del traficante, invirtiendo masivamente en programas de rehabilitación y educación. Los gobiernos podrían capitalizar la legalización gravando los diferentes estupefacientes y con ello podrían guiar a los consumidores a optar por drogas menos dañinas (la mariguana sería más accesible que las metanfetaminas por ejemplo). Castigar a los consumidores no ha tenido impacto alguno en el consumo, los países más rígidos sobre el tema se drogan más. Muestra de ello es el aumento en consumo de estupefacientes sintéticos en Asia. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud en 177 países no encontró ninguna relación entre las leyes más estrictas y el consumo. La legalización por ende aumentaría el consumo, pero de una forma regulada en la que se podrán tratar a los adictos y atender consecuencias sociales como la propagación de enfermedades y la prostitución. Bajo este estatus quo los hijos de un adicto son inexistentes a los ojos de las autoridades y de la sociedad.