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jueves, 27 de mayo de 2010

Contra la 1070 ...y contra México

La ley antiinmigrante de Arizona (la demasiado renombrada 1070) ha desatado un encarnado enfrentamiento político. Como argumentaré en el siguiente artículo una legislación como ésta atenta contra la realidad demográfica, migratoria, económica y social de los Estados Unidos; pero esto puede también ser una importante oportunidad para llevar a cabo un muy necesitado ejercicio de autocrítica en México.

En nuestro mundo nómada Estados Unidos es uno de los principales protagonistas. Se estima que entre 2000 y 2006 la primera potencia global recibió 500,000 inmigrantes ilegales al año, principalmente provenientes de México y Centroamérica. Estos migrantes poco calificados toman empleos en los que la población nativa no está dispuesta a trabajar. Y EEUU es sólo un reflejo exacerbado de un fenómeno global. En 2008 un total de 200 millones de seres humanos, el 3% de la población global eran inmigrantes. La ONU estima que sus números se duplicaron con creces en los últimos 40 años. Y esto ha beneficiado a todas las partes involucradas, incluido Estados Unidos. En los últimos 20 años el crecimiento de las naciones miembros de la OCDE se dio a la par de un crecimiento de la cantidad de migrantes ilegales ingresando a estos países. La Ley 1070 ignora todos estos hechos. La gobernadora de Arizona Jan Brewer publicó una carta justificando la ley bajo el argumento de la escalada de la violencia en su estado, relacionando a la migración con dos actividades ilícitas (muchas veces afines): el narcotráfico y la trata de personas. En la carta la gobernadora condena el boicot y argumenta que: “En el 2009, Phoenix tuvo 316 casos de secuestros, convirtiendo la ciudad en la capital de secuestro de nuestra nación. Casi todas las personas secuestradas eran inmigrantes ilegales o estaban vinculadas con el narcotráfico”. Este argumento, como demuestran las cifras anteriormente citadas, es reduccionista e innegablemente defiende una agenda meramente política. Entre el 10 y el 15% de la población empleada gringa nació afuera del país. The Pew Hispanic Center declaró que en EEUU hay más de 45 millones de latinos, representando el 15% del total nacional y de acuerdo al Hispanic Association on Corporate Responsibility cuenta con un poder adquisitivo de $850 mil millones dólares. Y este peso demográfico / laboral no es proveniente de actividades ilícitas como quiere argumentar la gobernadora Brewer. Para 2008 había 32 millones de hispanos mayores de 16 años de los cuales el 69% eran parte de la economía formal. La inmensa mayoría de los latinos en EEUU son personas trabajadoras y decentes que están enriqueciendo cultural y económicamente a la primera potencia mundial. La inseguridad no es un problema grave en Arizona y no está creciendo, está disminuyendo. El 2006, 2007 y 2008 fueron los años con menor tasa de crímenes violentos desde 1983. La tasa de este tipo de criminalidad cayó de 577.9 por cada 100 mil habitantes en 1998 a 447 por cada 100 mil en 2008. Los argumentos de Brewer son infundamentados. Además están agregando un bono demográfico que ha ayudado a Estados Unidos a evadir el problema de envejecimiento colectivo al que se enfrenta la Unión Europea. Casi una tercera parte del crecimiento poblacional de Estados Unidos (de 2.1 hijos por mujer, el tan ambicionado reemplazo generacional) se debe a la migración. Para mediados de siglo 86% del crecimiento poblacional gringo estará directamente vinculado con la migración. Sin importar la etnia, los inmigrantes ilegales que han entrado y entrarán han puesto las bases para tener una población joven y trabajadora, que ayudará a que los actuales defensores de la Ley 1070 gocen de pensiones y prestaciones sustentables una vez que se retiren. Para el periodo entre 2030 y 2050 los hispanos representarán el 60% del crecimiento poblacional y para la quinta década del siglo XXI serán la primera minoría en EEUU. Para citar al comediante liberal Bill Maher los defensores de esta medida son “abusadores” que no realizan que “la gente café se reproducirá hasta llegar al poder”. Una ley como la 1070 es anacrónica y delirante. Irónicamente los estados con mayor población hispana son Arizona (44%), Texas y California (ambas con 36%). Una encuesta realizada en Mayo por el Pew Research Center demostró una tasa de aprobación del 73% (con un 62% de aprobación a las detenciones arbitrarias, tendencia muy autoritaria que les ha encantado a los gringos desde el 11 de septiembre) lo que demuestra un apoyo de la comunidad latina. Pero eso no dota a la 1070 de sensatez o coherencia.

…Y la autocrítica

En México ingresan aproximadamente para llegar a EEUU 200 mil migrantes ilegales al año, la mayoría de Centroamérica. Los abusos de nuestras autoridades son comunes, como las violaciones a mujeres y el robo de sus pertenencias. En este sentido las palabras del director del gran documental De Nadie resultan preocupantemente ciertas: “Sólo para entrar a México, muchos de los migrantes sufren robos y abuso sexual. Ellos ya saben que se arriesgan a eso, pero lo hacen por la pobreza en la que se encuentran. Lo que no imaginan es todo lo que falta después de entrar a México". De acuerdo a Amnistía Internacional 6 de cada 10 mujeres y niñas migrantes sufren violencia sexual por parte de delincuentes (en especial las maras) autoridades y traficantes de personas. Urge instaurar sistemas para que los migrantes puedan canalizar las violaciones a sus derechos fundamentales, recuperar el espacio público de las garras de la delincuencia organizada y reformar para tener un sistema policiaco operante y digno. La Ley 1070 atenta contra la ética. Pero la situación en nuestro país nos resta credibilidad para abogar por nuestros migrantes.

La migración como fenómeno global:

La negación de nuestro mundo nómada: la migración

jueves, 22 de abril de 2010

Cambios

Nuestra clase política brilla por su ineptitud. El dogmatismo, la corrupción y el nacionalismo más cínico son sólo algunas palabras que describen a las altas esferas de nuestros partidos, que parecen testigos mudos a un país asediado por la violencia, los monopolios y la desigualdad. Uno de los principales problemas es que la clase política ejerce un control monopólico sobre su propio ámbito y lo ha manifestado rechazando las candidaturas ciudadanas independientes. Por ello no trastocan los intereses monopólicos ya que ello requeriría de un ejercicio de autocrítica que no están dispuestos a ejercer (además de la obviedad de que cada agrupación política está coludida con algún monopolio ya sea público o privado, sin excepción alguna). Ante esta situación a veces me resulta sorprendente conocer a personas lo suficientemente ilusas y dogmáticas para creer que la soluciones saldrán de la cantera política, en forma de caciques que evocan a nuestra naturaleza autoritaria y corporativista. Mientras tanto el país se rezaga y la mayoría parece estar cegada de las soluciones reales que mejorarían la situación al largo plazo. Para los que tengan afán reproductivo (cuentan con toda mi admiración…) parece no preocuparles el país que le heredaremos a las generaciones venideras, para cuando nos recuerden como aquellos imbéciles delirantes que les impusieron una tiranía transgeneracional. Esta desvinculación absoluta también se basa en nuestra falta total de concepto de ciudadanía: no somos mexicanos somos estratos (“naco” o “la gente”, “gente bien” o “güero”, los hay para todos los niveles de negación y delirio) o miembros adscritos a alguna corporación (electricista, petrolero, maestro, burócrata, empresario). Con estas concepciones no nos damos cuenta del destino común que compartimos y negamos las similitudes que abruman a las diferencias. El panorama es desalentador: la pérdida de capital humano por la migración es incalculable, expulsando a los mexicanos jóvenes que deberían ayudar al país a salir adelante; estamos dilapidando nuestro capital ambiental (ya hemos perdido el 95% de los bosques tropicales y ni siquiera hemos llevado a cabo un censo de nuestros acuíferos); la economía no es libre y está restringida a los intereses de un sector paraestatal del viejo régimen y un empresariado autoritario; las izquierdas y las derechas son nacionalistas e inoperantes; no nos estamos preparando para una inminente revolución energética y los que predican que el petróleo es nuestra identidad nacional mienten rozando en lo criminal; los únicos sectores que ofrecen sobresalir son la economía informal, la delincuencia organizada y el narcotráfico. Esta lista podría continuar. Y estas palabras desesperadas son para proponer un muy necesitado cambio: debemos quitarnos de encima la pesada carga del nacionalismo y el paternalismo, tener una conciencia ciudadana liberal que priorice el individuo sobre la corporación, ha llegado la hora de entender que lo público no es monopolio de la clase política y si queremos acabar con otros entes similares éste debe ser el primero en ser sometido a un proceso de apertura. Las soluciones globales a problemas nacionales no saldrán de caciques o del manejo unilateral de la agenda, lo harán del amplio debate y de la cogobernanza de representantes y representados. De no lograr estos cambios el futuro de México se vislumbra muy sombrío. Y lo que resulta más deprimente es que la factura se la pasaremos a los mexicanos que aún no están aquí.

lunes, 19 de abril de 2010

24 horas para explicar el odio de la exclusión en Francia

Liberté, égalité, fraternité… los tres pilares ideológicos de una de las revoluciones que más impactarían la historia europea y la de todo occidente. El problema es que en la Francia de finales del XX estos tres ideales se quedaron en el mundo de lo intangible para no plasmarse en una sociedad asediada por la disparidad, la exclusión y la xenofobia. De eso trata la película La Haine(El Odio) dirigida por Mathieu Kassovitz, una de las realizaciones más representativas del género de películas banlieue, los barrios marginales en los suburbios de las grandes ciudades galas. La historia comienza en la mañana tras un disturbio en el cuartel de policía local detonado por la detención de un joven árabe de la comunidad. Los protagonistas son tres amigos de distintos orígenes étnicos que están unidos por su odio a la autoridad: Vinz (interpretado poderosamente por Vincent Cassel), un resentido e impulsivo chico judío, Sayid (Said Taghmaoui) un reflexivo joven de origen argelino y Hubert (Hubert Kounde) un idealista dealer de origen africano con aspiraciones a boxeador. Estos protagonistas representan una trinidad de las facetas humanas sacadas a flote a raíz de la exclusión: Vinz es volátil y sueña con matar a un policía, Sayid es realista y ha asumido que los cambios que mejorarían su vida y la de su gente aún se vislumbran muy distantes y Hubert es un soñador que le obsesiona la idea de escapar de su barrio y su marginalidad. A pesar de estas posturas, la sombra de la falta de un futuro desborda durante toda la realización, recordándonos además del fenómeno global de la exclusión y la disparidad urbana que no afecta sólo a los países pobres (ver artículo). Y luego están las contradicciones. La exclusión siempre trae consigo una voraz necesidad de innovación y un imparable oleaje de creatividad. La historia se desarrolla a lo largo de 24 horas en la vida de estos jóvenes, rodeados por las artes urbanas del grafiti, los B-boys y el hip hop. Kassovitz, apegándose a su herencia cinematográfica francesa, no escatima en darnos momentos de absoluta brillantez y belleza. La muerte de uno de los jóvenes del barrio se conmemora con una secuencia épica en la que los habitantes lanzan un alarido a los cielos galos apoyados por los beats unos Djs apostados en los conjuntos habitacionales. Para ello el director eleva la cámara para darnos un momento de crescendo que roba el aliento. Sin embargo estos nichos de esperanza nunca pierden de vista el tono crítico de El Odio, cuyo objetivo es demostrarnos como en la sociedad francesa la inequidad y la exclusión son problemas tan reales como lo son en México o Brasil. Además otorga una explicación prácticamente antropológica (en ficción claro está…) de los disturbios que azotaron a las metrópolis galas hace unos años. El decil más alto de la sociedad francesa concentraba el 44% del ingreso nacional en el año 2000. Y esta película nos aproxima a la infinidad de implicaciones que esa cifra puede tener sobre un segmento de la sociedad y su juventud.

viernes, 26 de febrero de 2010

La negación de nuestro mundo nómada: la migración


La globalización nos encausó en un camino sinuoso y complejo de conectividad. La liberalización legal de los mercados de bienes y de capitales se ha complementado y viabilizado por un flujo de mano obra aún ilegal. Vivimos en un mundo más interconectado, más nómada y más dinámico. Desde la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos no había recibido tanta migración como en los últimos años. España, la economía más dinámica de la Unión Europea, se ha convertido en el segundo país más receptor de migrantes; lo que colocó al tema migratorio como uno los importantes puntos de confrontación entre los candidatos del PSOE y del PP en las pasadas elecciones generales. En los últimos años la expansión económica de países que no habían conocido la migración los ha convertido en receptores, como China e Irlanda. Según estimaciones, las migraciones por refugiados, por personas que buscan un mejor futuro laboral o por desplazados de crisis alimentarias y sequías (ligadas al cambio climático) alcanzaron en 2008 un total de 200 millones de seres humanos, el 3% de la población global. La ONU estima que el grueso de inmigrantes en el planeta se duplicó con creces en los últimos 40 años. Esta liberalización en muchas ocasiones ha rebasado los marcos jurídicos y laborales de los países receptores. Sus gobiernos han respondido al fenómeno tratando de imponer barreras a la migración, criminalizando a los inmigrantes y haciendo uso de nuevas tecnologías para disminuir el flujo. Sin embargo, y a pesar de la férrea oposición vigente, esta postura de los países ricos está condenada a cambiar. Y aquella condena, dulce para algunos y amarga para otros, se debe a las tendencias demográficas de los países desarrollados y similares empobrecidos. La población de los países más ricos para el año 2005 era de mil 208 millones, con tasas anuales de crecimiento cercanas a 0.25%. Según las Naciones Unidas, alcanzará mil 242 millones en 2029, año en que comenzará a registrar tasas de crecimiento negativas, hasta reducirse a mil 220 millones en 2050. Sus niveles de fecundidad actuales se sitúan en 1.6 hijos por mujer, muy por debajo del número necesario para lograr el “reemplazo generacional” (que es de 2.1 hijos). Sus esperanzas de vida (76 años de promedio) son las más elevadas del planeta. En contraste los países menos desarrollados mantienen una tasa anual de 2.4%. Su población es de aproximadamente 753 millones de personas y se estima que llegarán a la mitad de este siglo a mil 374 millones. Su nivel de fecundidad es el más alto del planeta, con una tasa de fecundidad promedio de 5.1 hijos por mujer. A su vez, registran las menores esperanzas de vida (un promedio de 49.6 años). La migración al primer mundo ha traído grandes beneficios, de no ser por el flujo de ilegales del tercer mundo las tasas de natalidad de las naciones desarrolladas ya estaría en picada. Además ha inyectado un bono demográfico de población joven y laboralmente activa muy necesitada por las economías de los países ricos. Varias economías desarrolladas no podrían operar sin mano de obra proveniente del exterior. El 85% de la población de los Emiratos Árabes es de origen extranjero. En Estados Unidos entre el 10 y el 15% de la población empleada nació afuera del país. La mitad de los empleos creados anualmente en el Reino Unido son cubiertos por inmigrantes. Si el libre flujo de bienes y de capital enriqueció el mundo también lo ha hecho la migración, pero además esta última ha permitido el acceso a la riqueza sea más ecuánime (vía las remesas y el derrame económico que éstas generan en los países receptores). En un futuro cercano la migración cobrará dimensiones más importantes para la estabilidad mundial, con el cambio climático millares de personas se verán obligadas a emigrar, tanto los gobiernos nacionales como la comunidad internacional deberán encontrar la forma de dar cabida a estos desplazamientos, de no hacerlo la estabilidad mundial estará en peligro. Por ello los discursos nacionalistas predicados por facciones radicales de los sistemas políticos del primer mundo representan una gran amenaza para este tema, ya que lo empañan con matices xenófobos que no dan soluciones genuinas a esta negada realidad.