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jueves, 24 de junio de 2010

Contra la dogmática prohibición

Ninguna droga, ni siquiera el alcohol, es causa de los padecimientos fundamentales de la sociedad. Si queremos en encontrar el origen de nuestros problemas, no deberíamos examinar a la gente por drogas, deberíamos hacerlo por estupidez, ignorancia, avaricia o idolatría del poder.- P.J. O'Rourke

Hagamos una pausa de la muy necesitada distracción mundialista para volver a la crudeza del México contemporáneo. La guerra contra el narcotráfico ha continuado, con su ya rutinaria brutalidad y violencia desbordada. Las palabras de O´Rourke, afamado analista político y autor norteamericano, resultan enormemente lúcidas. Este enfrentamiento entre el gobierno federal y los grandes cárteles de la droga en México no persigue un fin claro, es una guerra condenada a la falta absoluta de un epílogo. Los 101 años de prohibición han fracasado para instaurar una forma de delincuencia globalizada cuyo poder amenaza a Estados en varios puntos del planeta, México es sólo una nación más de la larga lista que integran Jamaica, Pakistán, Perú, Afganistán y Colombia. La regulación de todas las drogas ilícitas se vislumbra como la única solución viable y sostenible al problema del narcotráfico, un sector que amparado en la ilegalidad obtiene ganancias masivas y aglomera un vasto poder coercitivo. La prohibición, y la insensata guerra que la acompaña, no es sólo inviable sino que también es muy costosa: estudios de RAND Corporation han demostrado que por cada $7.3 dólares que se invierten en organizaciones policiacas en la lucha contra las drogas se reduce la misma cantidad de cocaína que con un dólar invertido en tratamiento. Por cada $10.8 dólares destinados a seguridad fronteriza se mantiene la misma correlación. La ilegalidad infla artificialmente el precio del producto, a grado tal que la ONU estima que deberían decomisarse tres cuartas partes de toda la producción global de drogas para alcanzar un impacto significativo sobre las ganancias de los cárteles. Se estima que sólo un 40% de la producción total de cocaína es decomisada cada año. El modelo de erradicación ha tenido éxito en ciertos países pero a expensas de otros. En Colombia los suelos dedicados a la siembra de coca han caído en un 60%, en ese mismo periodo la producción se desplazó a Bolivia y Perú, aumentando en un 42 y un 55% respectivamente. Pero además, al igual que los decomisos, las cifras de erradicación resultan muy engañosas. La falta de tierras para cultivo ha sido compensada con avances en la productividad, prueba de ello es que Naciones Unidas ha estimado que la producción global de cocaína ha aumentado 10% con respecto a 2005. El narcotráfico a diferencia del modelo de la prohibición, es un sector muy pujante en lo que respecta a la innovación. Por ello la producción de tachas ha aumentado en México a pesar de que las autoridades trataron de cortar su suministro de insumos prohibiendo la importación de MDMA de Asia. Los cárteles han encontrado la forma de producir estos insumos a escala nacional utilizando químicos relacionados con la perfumería. Las palabras de O´Rourke no pueden ser más ciertas. La prohibición se relaciona más con la idolatría al poder, el dogmatismo y la ignorancia que con las sustancias prohibidas que aspira ilusoriamente erradicar.

Para aunar más: California por la legalización

jueves, 17 de junio de 2010

El bloqueo en Gaza [II]

El bloqueo sobre Gaza buscaba llevar a su gobierno democráticamente electo al punto del quebranto. Esto no ocurrió. Para 2003 el PIB per cápita de Gaza era de $1,500 dólares, el mismo que de Mozambique y por debajo de Ruanda. Para ese momento un tercio de todo el empleo de su población se desarrollaba en Israel. Para 2007, año de la instauración del nefasto bloqueo, la pobreza extrema aumentó en un 80%. Esto creó un caldo de cultivo para un régimen autoritario y dogmático. Tras el bloqueo las cúpulas dirigentes de Hamas se abocaron a la tarea de instaurar una economía informal fundamentada en el contrabando subterráneo entre Gaza y Egipto. En 2005 Estados Unidos auspició un programa de exportaciones entre Gaza, Cisjordania (aún bajo el mando de la OLP) y Egipto, vía el acceso de Rafah. El convenio nunca se aplicó y Gaza sacaba sólo el 8% de las exportaciones pactadas. La economía de resistencia (como la llama Hamas) ha suplido esa carencia con creces. Esto ha detonado un auge en el sector de la construcción, varios productos básicos de consumo están más baratos en Gaza que en Cisjordania. Todo este comercio, subterráneo en todos los sentidos, es controlado por Hamas. El bloqueo le ha permitido a este movimiento islámico dotarse de una enorme legitimidad y le ha permitido su principal fuente de abastecimiento financiero. Se estima que este contrabando de esta masiva economía informal (otra similitud con el caso cubano) le otorga a Hamas $500 mil millones de dólares al año. La amenaza israelí ha fortalecido el autoritarismo en Gaza. La pena de muerte se ha reinstaurado y los movimientos disidentes a Hamas son perseguidos sistemáticamente. La negación al libre tráfico de los factores de producción –incluyendo el empleo- ha creado las condiciones más propicias para la instauración de un modelo autoritario y teocrático en este reducido territorio. La cerrazón, al igual que en la ya mencionada isla del Caribe, debilita a la disidencia y condena sus posibilidades de crecimiento. Israel con su bloqueo ha fortalecido a Hamas y ha dificultado aún más la posibilidad de la instauración de un estado soberano para los palestinos. Y para agravar más la situación ha puesto en mayor peligro su existencia en una región que le es hostil y que es una de las más inestables del mundo. La implicación de sus acciones va mucho más allá de sus fronteras, debilita a las ramas más moderadas del islam en la región, fortalece a sus enemigos como Irán y Hezbollah en Líbano y condena a buena parte de las mujeres musulmanas a mayor exclusión social, política y económica. El bloqueo sobre Gaza debe acabarse. El incidente de la flotilla fue sólo una implicación de sus bastas y muy nefastas consecuencias.

miércoles, 16 de junio de 2010

El bloqueo en Gaza [I]

En su libro Middle East Illusions, el lingüista convertido en analista del MIT Noam Chomsky afirmaba que los bloqueos económicos (en su forma más moderna) era un arma contraproducente utilizada por las potencias occidentales. Y la premisa del rebelde sin pausa se sustentaba en una lucidez casi inagotable: argumentaba que los bloqueos empobrecían a las poblaciones de países oprimidos, fortaleciendo a la cúpula dictatorial y dándole una fuente muy sólida de legitimidad. Los ejemplos históricos abundan: el bloqueo sobre Cuba ha perpetuado a los Castro en el poder, permitiéndoles desviar toda su ineficacia, autoritarismo y corrupción de su economía totalmente estatizada (entre el 75% y el 90% de su Población Económicamente Activa –PEA- trabaja para el Estado) hacia el bloqueo impuesto por Estados Unidos en octubre de 1960. Los resultados están ahí y hasta un ciego podría verlos: migración masiva, un mercado negro rapante, una nación en bancarrota (35% de la economía desapareció entre 1983 y 1993 tras la pérdida de los subsidios soviéticos) que vive en una suerte de apartheid igualitario en la que los turistas reciben un trato preferente sobre los locales y 51 años de dictadura. El también llamado embargo ha sido el principal sustento discursivo de la dictadura en la isla caribeña, convirtiéndose en uno de los factores predominantes de cohesión social entorno al régimen. Además de anacrónico, el bloqueo ha dado resultados diametralmente opuestos a los planteados por Estados Unidos. Algo similar y a la vez muy diferente está ocurriendo en Gaza. En 2006 los casi millón y medio habitantes de Gaza, en un ejercicio puramente democrático, eligieron a Hamas como su partido gobernante. Hamas es un movimiento político- religioso que se niega a reconocer al Estado Judío en tierra santa musulmana. Sus fines políticos se entrelazan con sus brazos armados clandestinos. Como respuesta el gobierno de Israel y, riesgosamente, el de Egipto impusieron un bloqueo sobre la pauperizada zona cuya extensión es de apenas cuarenta por diez kilómetros en 2007. El objetivo primordial era debilitar al joven gobierno palestino pauperizando a su ya muy castigada población (en 2009 el desempleo rapante del diminuto territorio ubicó a Gaza en el lugar 188 de un total de 200 países, con tasa de desempleo de 49%; 8 de cada 10 habitantes de Gaza depende de ayuda internacional para su supervivencia). El resultado, como con Cuba, ha sido uno muy distinto. La reciente reacción desmedida de Israel ante una flotilla humanitaria dirigida a Gaza ha detonado un debate sobre el fracaso del bloqueo y de la actitud de Israel ante su sinuoso conflicto con los palestinos. Pero primero debemos explicar mejor cuál es la situación de la elección de Hamas en Gaza y sus implicaciones geopolíticas.

Parece que la decisión de elegir a este movimiento islamista fue fundada en la necesidad de sacar a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y su brazo político Fatah del poder, que tras varios años gobernando se habían convertido en una elite política profundamente corrupta. Pero occidente no entendió eso. Temiendo una obvia radicalización antisemita de los nuevos gobernantes palestinos, las potencias de Europa y Estados Unidos no tardaron en imponer embargos comerciales y de ayuda humanitaria, lo que pauperiza aún más al pueblo palestino y lo orilla cada vez más a apegarse al islam más fundamentalista. Una encuesta aplicada en Gaza en 2007 demostró que la percepción mayoritaria creía que era viable llegar a una resolución pacífica del conflicto (ésta aumentó de 34% en junio de 2006 a 44.9% para marzo de ese año). Vale la pena mencionar que la OLP encabezada por Yasser Arafat, renunció a la vía armada hasta 1988, cuando se ofreció a reconocer la existencia de Israel tras varias décadas de enfrentamiento inútil. La elección de Hamas no fue un movimiento colectivo hacia la radicalización, se fundamentó en el hartazgo por una elite política corrupta pero que estaba a favor de los Estados Unidos y a aceptar la existencia de una nación judía en Medio Oriente. He aquí todo un dilema para la política democrática liberal predicada por occidente: Hamas fue electo democráticamente en las urnas, ha ofrecido un alto al fuego a condición de que Israel vuelva a sus fronteras originales pero jamás ha ofrecido reconocerlo. ¿En qué medida el mundo debe respetar aquella elección que fue democrática pero que a su vez llevó a un movimiento radical que no está dispuesto a reconocer a Israel? Castigar a los palestinos por posicionarlos en el poder definitivamente no es la respuesta, en especial si eligieron por medio de un proceso democrático, lo que resulta todo un acontecimiento en el mundo musulmán de hoy. El hecho es que con su elección, Hamas se ha unido a Hezbollah y a Irán en la lista de actores influyentes que buscan la destrucción de Israel. Esto complica aún más la situación y limita a las partes a optar por las acciones bélicas sobre las políticas.

lunes, 12 de abril de 2010

California por la legalización

La guerra contra el narcotráfico ha continuado y la situación no parece mejorar. En los primeros 34 días del 2010 se alcanzaron las primeras mil muertes relacionadas a esta industria, en 2009 tomó 51 días alcanzar esta cifra. El gobierno se ha escudado en la inmediatez, argumentando que esta escalada de la violencia ha alcanzado un pico y que sus detonantes se deben a los logros de la guerra contra el crimen organizado, como la muerte de Arturo Beltrán Leyva a manos de efectivos de la Marina en diciembre del año pasado. El segundo argumento parece lúcido, la reconfiguración de las líneas de mando tras la muerte de un capo ha sido un escenario probado por la historia del narcotráfico en México. El primero puede responderse con una réplica que Jorge Luis Borges hizo sobre su país natal Argentina: ¿el fondo tiene fin? O para este caso, y parafraseando al maestro de la metafísica literaria, ¿el pico de muertes en verdad representa un límite? En este sentido lo declarado por “El Mayo” Zambada, uno de los capos del Cártel de Sinaloa, a Julio Scherer resulta preocupante: “El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí” (Proceso, 3 de abril de 2010). Todo apunta a que estamos encausados en una guerra sin victoria posible, un ciclo infinito de renovación de cuadros de las mafias fundamentado en la exclusión y el desgastado y fracasado modelo de la prohibición. Estados Unidos ha invertido más de $25 mil millones de dólares en nuestra región en los últimos 15 años a esfuerzos de erradicación, sin embargo el precio neto de la cocaína y la heroína ha bajado mientras ha aumentado su pureza, prueba irrefutable del aumento en la producción y trasiego del narcotráfico. A esto se suman problemas que no se debaten en los medios masivos de comunicación, como la degradación del medio ambiente ligada al narcotráfico y los esfuerzos de erradicación. Por ejemplo los programas de erradicación en Colombia esponsoreados por EEUU han contribuido a la pérdida de 1.75 millones de hectáreas de bosque tropical en la nación cafetalera. Las drogas deben legalizarse bajo esquemas regulatorios, no existe otra alternativa. Y aunque las medidas para la legalización se sientan distantes el estado de California nos está mandando buenas noticias. Activistas lograron recabar 694,248 firmas (de 433,971 requeridas) para votar la legalización de la mariguana en ese estado para noviembre. Bajo la propuesta los ciudadanos mayores de 21 años podrían portar 28.5 gramos de mariguana para consumo personal, llevando a otro nivel la medida que permitió el uso medicinal del enervante en 1996. Tras la reforma californiana 13 estados y el distrito de Columbia ajustaron sus marcos regulatorios en este sentido, convirtiendo a EEUU en el primer productor de mariguana mundial (con California encabezando la producción doméstica). Una encuesta realizada en el estado en abril del 2009 mostró que 56% de los encuestados estaban a favor de la legalización. Además la medida se da en un momento de profunda dificultad para el fisco californiano que enfrenta un déficit de $20mil millones de dólares. La legalización traería consigo mil millones de dólares en entradas por impuestos, mientras que reduciría el costo de procesar y encarcelar a consumidores que no son delincuentes. Lo que resulta aún más importante es que este escenario se asemeja mucho a la finalización de la prohibición del alcohol en la década de los 30, cuando en un entorno de crisis económica los estados comenzaron a tomar el camino de la regularización. La mariguana podría seguir el mismo sendero. Y al tomar en cuenta que más de la mitad de los ingresos de los capos mexicanos vienen exclusivamente de la mariguana las noticias provenientes de california no podrían ser mejores. Le podrían cambiar el rostro a una guerra que, por ahora, no parece tener fondo ni parece tener fin.

Para ampliar el necesitado debate:

La guerra contra el narcotráfico: una reflexión

martes, 26 de enero de 2010

Una visión cruda de la guerra contra el narcotráfico


Según el político francés Georges Clemenceau una guerra es una serie de catástrofes que resultan en una victoria. La aseveración de este liberal que se opuso al régimen de Napoleón III resulta muy lúcida por un simple motivo: un conflicto armado, para llegar a un fin, se construye entorno a la infamia, a la catástrofe y a la faceta más malvada de la condición humana. Ambos bandos para alcanzar la victoria cometerán cualquier cantidad de atrocidades y aquella idea (muy gringa) de la “guerra justa” sin bajas de inocentes ni violaciones a los derechos humanos simplemente no existe. Esta contradicción de términos nos hace de pronto perder los alcances y las consecuencias de una guerra y llegamos a caer en la insensata idea de transplantar los ideales de la justicia a un terreno en donde lo infame y lo catastrófico son los monopolios imperantes. La frustración y la indignación suelen ser las conclusiones a la que llegan “los justos”. Ahora en México al igual que en Afganistán se está librando una guerra. Y sin embargo nos sorprende y nos indigna que nuestras fuerzas armadas no sean “justas”. Es más fácil negar la naturaleza de los conflictos bélicos que enfrentarlos por lo que realmente son y así asumir sus horribles costos. Pero una película carioca se sale de los moldes preestablecidos para presentarnos la guerra contra el narcotráfico por lo que realmente es: Tropa de Elite del director José Padilha. Esta ganadora del Oso de Oro a la Mejor Película en el 58º Festival de Berlín nos cuenta la historia de un comando de la fuerza de élite BOPE, que combate al narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro (cuya tasa de asesinatos es de 38 por cada 100 mil habitantes, en la Ciudad de México es de 5). Desde un comienzo una cosa queda más que clara: los traficantes armados hasta los dientes no permitirán ser arrestados. Así queda puesto el escenario en el que los integrantes de BOPE deben tomar una simple decisión: asesinar o ser asesinados. Los medios son absolutamente justificados bajo aquél fúnebre fin. El personaje del Capitán Nascimento, interpretado magistralmente por Wagner Moura, debe pacificar una favela antes de una visita del Papa Juan Pablo II en 1997. Lo que resulta más brutal y desgarrador de este film es cómo nos encara con la compleja realidad de la lucha contra el narcotráfico: la burguesía carioca progresista, a favor de los derechos humanos y a la vez drogadicta defiende a los traficantes víctimas de la exclusión y la pobreza. Mientras tanto los agentes de BOPE enfrentan la realidad sin el filtro de los conjuntos habitacionales amurallados y las bardas electrificadas; los traficantes son el enemigo y para acabar con ellos cualquier acción está justificada. En este entorno reside el argumento más interesante de la película: en la que los héroes no son la decencia humana encarnada, en realidad son tan infames y brutales como sus contrapartes. La substracción de información utilizando la tortura y los asesinatos selectivos son algunos de los medios que estos héroes de carne y hueso utilizan en esta guerra real, distanciada de los cánones ilusorios del “conflicto justo”. Es una gran película que invita a la reflexión y que resulta obligada para los habitantes de un país como el nuestro donde el narcotráfico es un flagelo que se ha arraigado en lo más profundo de nuestra convivencia diaria. Es una película honesta, inteligente y cruda sobre la guerra contra las drogas. Y demuestra, a diferencia del artículo del documental Manda Bala, que en la guerra contra el narcotráfico hay muchos más victimarios que víctimas.



lunes, 23 de noviembre de 2009

Terapia para los más pobres


La psicoterapia siempre se ha relacionado con la modernidad, el ocio y el estrés de la vida urbana orilla a los individuos a los traumas existencialistas más profundos. No por ello un ilustre neoyorkino neurótico, Woody Allen ha sido un paciente eterno de su psicólogo. Pero los traumas y las patologías no sólo se dan en la ciudad norteamericana cuyo ingreso per cápita anual oscilaba en los $50,919 dólares en 2008. Un reciente estudio ha demostrado algo que suena obvio pero que jamás se había considerado: los más pobres del planeta están expuestos a muchas más situaciones traumáticas y resulta igual de importante velar por su bienestar mental cómo patrimonial y alimentario. Frank Neuner un psicólogo de la Universidad de Bielefeld en Alemania ha ayudado a más de 14 mil refugiados ruandeses a tratar sus casos de síndrome de estrés postraumático, un trastorno psiquiátrico que se presenta en personas que han vivido experiencias traumáticas (en el que hay regresiones continuas al evento que detonó el síndrome, como una violación o un asesinato). Aplicando una terapia conocida como “exposición narrativa” Neuner ha logrado parar las pesadillas y la conducta violenta de estos refugiados, que han sido expuestos a las experiencias más traumáticas y violentas imaginables. Después de cuatro sesiones de una hora un niño de trece años ha logrado marcadas mejorías para asimilar la pesadilla que vivió: su mejor amiga fue violada y asesinada delante de él. Estudios como éste pueden resultar revolucionarios, ninguna agencia u organismo internacional considera el bienestar psicológico de los más pobres. Pero en los últimos 10 años diferentes proyectos han demostrado lo grave de esta omisión que jamás se ha incluido en los programas de salud destinados para los más desposeídos del planeta. Madres pobres que sufren de depresión postparto se han visto beneficiadas por el acceso a psicoterapeutas. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Liverpool demostró que este brote de depresión se da más en las zonas pobres del sur de Asia que en las naciones desarrolladas (en ciertas zonas el 30% de las madres sufren de este padecimiento, lo que es el doble de la media global). Las mujeres pobres con hijos malnutridos tienden a desesperarse y dejan de buscar alternativas nutritivas para los suyos. Todo esto está llevando a una misma conclusión: los individuos cuya existencia se basa en sobrevivir son más vulnerables a las patologías que sus contrapartes en los países ricos. La ONU, el Banco Mundial, el BID y el PNUD deberían tomar nota e integrar este importante pendiente a sus proyectos de salud.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Portugal: una esperanza en la insensatez de la prohibición


Este artículo es un complemento al titulado ¿Y si legalizásemos las drogas? publicado el 21 de octubre pasado en este blog.

La guerra contra el narcotráfico es un fracaso comprobado. Pero los dogmas y la falta de claridad han priorizado el belicismo sobre la sensatez, varios países como Afganistán y México viven una guerra contra el narco, en toda la plenitud del término. Los costos exceden holgadamente los beneficios, el consumo se ha mantenido mientras que el versátil mercado ha encontrado formas de adaptarse y beneficiarse de la prohibición. Además esta errada política global trae consigo legislaciones de cero tolerancia, en la que ciudadanos comunes que consumen pueden convertirse en criminales por cargos de posesión. Así no se distingue del adicto o del consumidor recreacional del sicario. Las legislaciones más rígidas contra el consumo no traen consigo resultados en la materia, no disminuye la demanda ni disuade a los que vayan a drogarse por primera vez. Desde 2001 Portugal despenalizó la posesión y el consumo de estupefacientes y los resultados han sido asombrosos. Desde ese año en la nación lusa se permitió la posesión y consumo de cualquier droga, incluyendo la cocaína y la heroína. Las críticas no se hicieron esperar, facciones conservadoras y progresistas del sistema político portugués se pronunciaron en contra de la nueva ley argumentado que el país se volvería una meca de narcoturismo. Vecinos de la Unión Europea como Inglaterra predecían un futuro nada alentador para la medida, diciendo que el consumo al interior del país crecería exponencialmente. Un estudio independiente publicado a principios de 2009 por The Cato Institute una consultoría norteamericana, ha demostrado que los pronósticos catastrofistas estaban muy equivocados. El consumo, tras ocho años de tolerancia, no aumentó y Portugal mantiene uno de los índices más bajos de la región. El narcoturismo no se disparó y la cantidad de narcotraficantes convictos disminuyó notoriamente. Aunque se haya despenalizado el consumo y la posesión esto no implica que las drogas sean legales en Portugal, simplemente se cambió el enfoque de la lucha contra de las drogas de uno bélico a uno de salud pública. Una serie de comisiones gubernamentales se encargan de los adictos arrestados e intentan persuadirlos de someterse a programas de rehabilitación. Estos órganos pueden imponer multas y horas de servicio comunitario pero no encarcelar individuos ni abrirles expedientes criminales. El argumento de las autoridades lusas que destaca por su lucidez es que los adictos pueden sentirse persuadidos a buscar tratamiento al saber que no van a ser procesados. Remover la posibilidad de ser tachados como criminales aumenta las probabilidades de que los adictos entren a tratamientos y las autoridades pueden saber quiénes son, que adicciones sufren y el verdadero peligro que representan para la sociedad y sus comunidades –eso depende de la droga, alguien que fuma mota no cometerá actos violentos para conseguirla a diferencia del crack o la metanfetamina-. El número de adictos ha aumentado en el país europeo, en 1999 había 6 mil para 2008 24 mil. Esta cifra no refleja un aumento en el consumo, sólo saca de la secrecía a miles de adictos que bajo los esquemas de la prohibición son delincuentes. Ha habido un aumento en el consumo, pero muy mínimo, por ejemplo entre 2001 y 2007 la cantidad de portugueses que admitieron haber probado la heroína aumentó de 1 a 1.1%. Con otras drogas como la mariguana el consumo ha caído, posicionando a Portugal entre los países con índices más bajos de consumo en la UE. Y la demanda de los estupefacientes más dañinos ha decaído entre los sectores más jóvenes del país. Los drogadictos –sobretodo heroinómanos- previo a la despenalización representaban el 56% de los casos de VIH-SIDA en Portugal, ahora sólo representan el 20%. Portugal demuestra que descriminalización regulada correctamente surte mejores resultados que la guerra contra el narcotráfico. Además demuestra lo errado de este enfoque, el problema de las drogas le concierne más a los sistemas de salud que a los ejércitos y las policías del planeta. Por ahora los lusos son una esperanza en la insensatez del status quo de la prohibición.

miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Y si legalizásemos las drogas?


La ONU ha estimado que el narco genera unos $320 mil millones de dólares anuales a nivel mundial. En Europa los decomisos de cocaína se sextuplicaron en 2006 en comparación con 1995. A pesar de estos golpes el precio del producto ha bajado, lo que ha llevado a las autoridades mundiales a interpretar que el abasto ha aumentado. Tres cuartas partes de los operativos se han realizado en España y Portugal, dos puertas de entrada históricas al tráfico de drogas en el viejo continente. Pero si una ruta es interceptada por los gobiernos, otras se abren sin problema. Veintidós por ciento de la cocaína que entró a Europa en 2007 venía de África, en 2004 era cinco por ciento. Para Febrero de este año las autoridades de la UE externaron su preocupación por la apertura de rutas de tráfico en la región de los Balcanes. En los 80 la mayoría de la cocaína destinada a Estados Unidos salía de Colombia vía el Caribe. Al cerrarse esa ruta se establecieron las alianzas entre los cárteles mexicanos y colombianos para utilizar nuestro país como enlace entre ellos y el mercado estadounidense. La producción de opio se ha desplazado en los últimos años de Turquía y Tailandia hacia Myanmar y Afganistán. En la actualidad el tráfico en esta nación ha sido factor clave para sostener financieramente a los talibanes y a células de Al-Qaeda que han estado al borde de acabar con el gobierno en Pakistán. El narco puede ser un peligroso actor en regiones amenazadas por conflictos civiles y pobreza como el Medio Oriente. Puede quebrantar el orden civil, financiar conflictos armados y en varias ocasiones reemplazar a los aparatos gubernamentales. En Latinoamérica, los cárteles han ampliado su influencia sobre la región andina, dónde Bolivia y Perú se han convertido en importantes productores. Las naciones centroamericanas se han visto amenazadas por la incursión de nuestras mafias en sus territorios, principalmente las perpetradas por Los Zetas. El narco se ha convertido en un aparato ilegal transnacional, con una capacidad operativa apabullante sumada a una enorme disposición de recursos.

Este 2009 se cumplen 100 años de la prohibición contra las drogas y el resultado no es nada alentador. De acuerdo al World Drug Report 2008 la producción de cocaína se ha mantenido estable en Bolivia, Colombia y Perú. Aunque la producción se haya mantenido estable la siembra de coca aumentó 16% con respecto a años anteriores, Colombia presentó un crecimiento mayor con un 27%. La producción de opio y sus derivados se duplicó entre 2005 y 2007 alcanzando 8 mil 870 toneladas, el 92% producido en Afganistán. La producción de mariguana disminuyó ligeramente entre 2005 y 2007 al pasar de 42 mil a 41 mil 400 toneladas. La aceptación general a su consumo se ha mantenido estable en un 3.9% entre 2005 y 2007. Las drogas sintéticas como la metanfetamina y el éxtasis alcanzaron una producción de 449 toneladas. Valdría la pena mencionar que una droga legal, el tabaco, mata a 5 millones de personas al año mientras que las drogas ilegales a unas 200 mil. Veinticinco por ciento de la población adulta mundial es adicta a esta droga cuyo mercado está regulado legalmente. La cantidad de consumidores de entre 15 y 64 años de edad se ha mantenido estable en los últimos cuatro años. Son 208 millones de personas (4.9% del total global) que han usado drogas durante los últimos 12 meses. De ese total se calcula que sólo 0.6% tienen problemas de adicción. Con la excepción de las drogas sintéticas, todos los otros mercados han experimentado algún aumento en el total de consumidores. De 2005 a 2007 el consumo de mariguana aumentó de 3.8 a 3.9 por ciento, el de cocaína de .34 a .37 por ciento y el de heroína de .27 a .28 por ciento. El uso de metanfetaminas cayó de .60 a .58 por ciento. Estas cifras se han presentado en un contexto en el que los decomisos han aumentado de manera constante.

En 1998 la Asamblea General de las Naciones Unidas puso como meta que se eliminara o se redujera significativamente la producción de cocaína, mariguana y opio para 2008. Las cifras reflejan el fracaso de este compromiso. Además es un compromiso muy fácil de asumir pero finalmente es ficticio e irresponsable. La prohibición ignora totalmente cómo opera el mercado de las drogas. Primero se puede adaptar rápidamente a cualquier interrupción en la producción y el tráfico, como ha ocurrido en el surgimiento constante de nuevas rutas. La producción de los diferentes estupefacientes se ha mantenido estable o ha aumentado, armando a poderosas mafias en el proceso. El comportamiento del mercado parece indicar que el precio de las drogas es determinado por los costos del tráfico y la distribución por encima de los de la producción. Fumigar plantíos a gran escala merma el grueso de la producción pero aumenta el precio del total restante. Los decomisos y la destrucción de parte de la producción han ido en detrimento de la pureza de las drogas, en particular la de la cocaína. Con ello se vuelven más dañinas para los consumidores. La prohibición no logra responder a la versatilidad del narcotráfico, si se logra tumbar la producción de opio en Tailandia simplemente se desplaza a Afganistán y si se cierra la ruta del Caribe el tráfico se va por México. Y los costos de la prohibición –humanos y económicos- rebasan con creces los beneficios. Estados Unidos gasta $40 mil millones de dólares al año en atacar la oferta, arresta a 1.5 millones de consumidores al año encarcelando a la mitad. En México la guerra contra los grandes cárteles ha dejado de saldo más de 6 mil muertos y ha consolidado un mercado de consumo interno. La prohibición además ignora totalmente los problemas sociales de las adicciones, como el rompimiento de familias y la propagación del VIH. Además es capaz de derrocar a gobiernos en los países productores, contribuyendo como un actor protagónico a la inestabilidad global.

La medida más sensata sería la legalización de todas las drogas. Así se podría asumir el problema desde otra dimensión, el de la salud pública. Ayudaría a discernir al consumidor del traficante, invirtiendo masivamente en programas de rehabilitación y educación. Los gobiernos podrían capitalizar la legalización gravando los diferentes estupefacientes y con ello podrían guiar a los consumidores a optar por drogas menos dañinas (la mariguana sería más accesible que las metanfetaminas por ejemplo). Castigar a los consumidores no ha tenido impacto alguno en el consumo, los países más rígidos sobre el tema se drogan más. Muestra de ello es el aumento en consumo de estupefacientes sintéticos en Asia. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud en 177 países no encontró ninguna relación entre las leyes más estrictas y el consumo. La legalización por ende aumentaría el consumo, pero de una forma regulada en la que se podrán tratar a los adictos y atender consecuencias sociales como la propagación de enfermedades y la prostitución. Bajo este estatus quo los hijos de un adicto son inexistentes a los ojos de las autoridades y de la sociedad.