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jueves, 17 de junio de 2010

El bloqueo en Gaza [II]

El bloqueo sobre Gaza buscaba llevar a su gobierno democráticamente electo al punto del quebranto. Esto no ocurrió. Para 2003 el PIB per cápita de Gaza era de $1,500 dólares, el mismo que de Mozambique y por debajo de Ruanda. Para ese momento un tercio de todo el empleo de su población se desarrollaba en Israel. Para 2007, año de la instauración del nefasto bloqueo, la pobreza extrema aumentó en un 80%. Esto creó un caldo de cultivo para un régimen autoritario y dogmático. Tras el bloqueo las cúpulas dirigentes de Hamas se abocaron a la tarea de instaurar una economía informal fundamentada en el contrabando subterráneo entre Gaza y Egipto. En 2005 Estados Unidos auspició un programa de exportaciones entre Gaza, Cisjordania (aún bajo el mando de la OLP) y Egipto, vía el acceso de Rafah. El convenio nunca se aplicó y Gaza sacaba sólo el 8% de las exportaciones pactadas. La economía de resistencia (como la llama Hamas) ha suplido esa carencia con creces. Esto ha detonado un auge en el sector de la construcción, varios productos básicos de consumo están más baratos en Gaza que en Cisjordania. Todo este comercio, subterráneo en todos los sentidos, es controlado por Hamas. El bloqueo le ha permitido a este movimiento islámico dotarse de una enorme legitimidad y le ha permitido su principal fuente de abastecimiento financiero. Se estima que este contrabando de esta masiva economía informal (otra similitud con el caso cubano) le otorga a Hamas $500 mil millones de dólares al año. La amenaza israelí ha fortalecido el autoritarismo en Gaza. La pena de muerte se ha reinstaurado y los movimientos disidentes a Hamas son perseguidos sistemáticamente. La negación al libre tráfico de los factores de producción –incluyendo el empleo- ha creado las condiciones más propicias para la instauración de un modelo autoritario y teocrático en este reducido territorio. La cerrazón, al igual que en la ya mencionada isla del Caribe, debilita a la disidencia y condena sus posibilidades de crecimiento. Israel con su bloqueo ha fortalecido a Hamas y ha dificultado aún más la posibilidad de la instauración de un estado soberano para los palestinos. Y para agravar más la situación ha puesto en mayor peligro su existencia en una región que le es hostil y que es una de las más inestables del mundo. La implicación de sus acciones va mucho más allá de sus fronteras, debilita a las ramas más moderadas del islam en la región, fortalece a sus enemigos como Irán y Hezbollah en Líbano y condena a buena parte de las mujeres musulmanas a mayor exclusión social, política y económica. El bloqueo sobre Gaza debe acabarse. El incidente de la flotilla fue sólo una implicación de sus bastas y muy nefastas consecuencias.

miércoles, 16 de junio de 2010

El bloqueo en Gaza [I]

En su libro Middle East Illusions, el lingüista convertido en analista del MIT Noam Chomsky afirmaba que los bloqueos económicos (en su forma más moderna) era un arma contraproducente utilizada por las potencias occidentales. Y la premisa del rebelde sin pausa se sustentaba en una lucidez casi inagotable: argumentaba que los bloqueos empobrecían a las poblaciones de países oprimidos, fortaleciendo a la cúpula dictatorial y dándole una fuente muy sólida de legitimidad. Los ejemplos históricos abundan: el bloqueo sobre Cuba ha perpetuado a los Castro en el poder, permitiéndoles desviar toda su ineficacia, autoritarismo y corrupción de su economía totalmente estatizada (entre el 75% y el 90% de su Población Económicamente Activa –PEA- trabaja para el Estado) hacia el bloqueo impuesto por Estados Unidos en octubre de 1960. Los resultados están ahí y hasta un ciego podría verlos: migración masiva, un mercado negro rapante, una nación en bancarrota (35% de la economía desapareció entre 1983 y 1993 tras la pérdida de los subsidios soviéticos) que vive en una suerte de apartheid igualitario en la que los turistas reciben un trato preferente sobre los locales y 51 años de dictadura. El también llamado embargo ha sido el principal sustento discursivo de la dictadura en la isla caribeña, convirtiéndose en uno de los factores predominantes de cohesión social entorno al régimen. Además de anacrónico, el bloqueo ha dado resultados diametralmente opuestos a los planteados por Estados Unidos. Algo similar y a la vez muy diferente está ocurriendo en Gaza. En 2006 los casi millón y medio habitantes de Gaza, en un ejercicio puramente democrático, eligieron a Hamas como su partido gobernante. Hamas es un movimiento político- religioso que se niega a reconocer al Estado Judío en tierra santa musulmana. Sus fines políticos se entrelazan con sus brazos armados clandestinos. Como respuesta el gobierno de Israel y, riesgosamente, el de Egipto impusieron un bloqueo sobre la pauperizada zona cuya extensión es de apenas cuarenta por diez kilómetros en 2007. El objetivo primordial era debilitar al joven gobierno palestino pauperizando a su ya muy castigada población (en 2009 el desempleo rapante del diminuto territorio ubicó a Gaza en el lugar 188 de un total de 200 países, con tasa de desempleo de 49%; 8 de cada 10 habitantes de Gaza depende de ayuda internacional para su supervivencia). El resultado, como con Cuba, ha sido uno muy distinto. La reciente reacción desmedida de Israel ante una flotilla humanitaria dirigida a Gaza ha detonado un debate sobre el fracaso del bloqueo y de la actitud de Israel ante su sinuoso conflicto con los palestinos. Pero primero debemos explicar mejor cuál es la situación de la elección de Hamas en Gaza y sus implicaciones geopolíticas.

Parece que la decisión de elegir a este movimiento islamista fue fundada en la necesidad de sacar a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y su brazo político Fatah del poder, que tras varios años gobernando se habían convertido en una elite política profundamente corrupta. Pero occidente no entendió eso. Temiendo una obvia radicalización antisemita de los nuevos gobernantes palestinos, las potencias de Europa y Estados Unidos no tardaron en imponer embargos comerciales y de ayuda humanitaria, lo que pauperiza aún más al pueblo palestino y lo orilla cada vez más a apegarse al islam más fundamentalista. Una encuesta aplicada en Gaza en 2007 demostró que la percepción mayoritaria creía que era viable llegar a una resolución pacífica del conflicto (ésta aumentó de 34% en junio de 2006 a 44.9% para marzo de ese año). Vale la pena mencionar que la OLP encabezada por Yasser Arafat, renunció a la vía armada hasta 1988, cuando se ofreció a reconocer la existencia de Israel tras varias décadas de enfrentamiento inútil. La elección de Hamas no fue un movimiento colectivo hacia la radicalización, se fundamentó en el hartazgo por una elite política corrupta pero que estaba a favor de los Estados Unidos y a aceptar la existencia de una nación judía en Medio Oriente. He aquí todo un dilema para la política democrática liberal predicada por occidente: Hamas fue electo democráticamente en las urnas, ha ofrecido un alto al fuego a condición de que Israel vuelva a sus fronteras originales pero jamás ha ofrecido reconocerlo. ¿En qué medida el mundo debe respetar aquella elección que fue democrática pero que a su vez llevó a un movimiento radical que no está dispuesto a reconocer a Israel? Castigar a los palestinos por posicionarlos en el poder definitivamente no es la respuesta, en especial si eligieron por medio de un proceso democrático, lo que resulta todo un acontecimiento en el mundo musulmán de hoy. El hecho es que con su elección, Hamas se ha unido a Hezbollah y a Irán en la lista de actores influyentes que buscan la destrucción de Israel. Esto complica aún más la situación y limita a las partes a optar por las acciones bélicas sobre las políticas.

jueves, 8 de abril de 2010

La izquierda mexicana y la Habana: la tan necesitada congruencia

Una de las características que más me habían alejado de la izquierda en México era su falta de coherencia. Mis coincidencias son muchas, y lo he manifestado en este espacio: los derechos de los homosexuales, la necesidad de acabar con los monopolios privados (pero también los públicos), la oposición a la errada pena de muerte, su política urbana de recuperación de espacios públicos en el DF etc. Pero mis puntos de discordia chocan con mis coincidencias, y a veces las primeras abruman a las segundas: el apego a las prácticas autoritarias del viejo régimen como el acarreo, la defensa discursiva-ideológica del nacional revolucionario más recalcitrante del obradorismo, su postura dogmática y errada hacia el sector energético, su política urbana choca con proyectos nefastos como la construcción de segundos pisos, su nacionalismo que roza en la xenofobia (y que la derecha comparte, ver artículo). Pero uno de mis puntos de mayor divergencia era el discurso de la izquierda en torno a los derechos humanos: éstos deben defenderse en la guerra contra el narcotráfico en México pero en Cuba eran un tabú intocable (o más bien un tema de segunda categoría ante la “intervención imperialista” entendida bajo la perspectiva de la Guerra Fría). La falta de coherencia en este punto restaba a la izquierda en México de una enorme cantidad de credibilidad. Pero esta postura incoherente y cínica acaba de dar un giro inesperado. El día de ayer (7 de abril) Jesús Ortega declaró que su partido el PRD, defiende los derechos humanos en todo el mundo incluyendo Cuba. Se pronunció en contra del anacrónico bloqueo económico impuesto por Estados Unidos y dijo que su terminación resultaría vital para impulsar los cambios sociales, políticos y económicos que la nación caribeña tanto necesita. Esto es una afirmación clave. El apoyo más grande a la dictadura es el bloqueo y finalizarlo forzaría a una apertura al diálogo o cuando menos generaría condiciones más propicias. Saúl Escobar, secretario de Relaciones Internacionales del CEN del PRD, desvinculó a la disidencia interna de la intervención extranjera (una de las armas discursivas del régimen de los Castro) y planteó la necesidad de “que el gobierno de Cuba debe responder a algunas de las demandas planteadas por los presos cubanos en el marco de su legalidad, en el marco de su propia soberanía para que se mejoren las relaciones dentro de Cuba entre la sociedad y el gobierno” y remató diciendo que "todo país requiere una evolución democrática y Cuba requiere una evolución democrática". Las declaraciones del líder del Partido de la Revolución Democrática y su secretario de Relaciones Internacionales fueron matizadas argumentando que estos cambios debían hacerse sin intervención extranjera alguna y manifestaron su preocupación por una campaña de la derecha cubana y la norteamericana contra Cuba. Esto resultaría el único punto desafortunado y criticable de lo externado por la dirigencia perredista. La derecha gringa no tiene porque involucrarse en la transición de la isla, sin embargo la situación de la diáspora cubana es otra. De darse una “evolución democrática” es necesario que todos los actores sean considerados a pesar de la pluralidad ideológica, incluyendo a la derecha exiliada principalmente en Miami. Lo que la derecha debe comprender por su parte es que de darse un proceso de transición, aún distante, deberán negociar con los cuadros comunistas de Cuba que aún mantienen el poder. Pero volviendo al PRD, estas declaraciones resultan de enorme importancia ya que distancian a su cúpula dirigente del modelo cubano y del proyecto venezolano vagamente anticapitalista, medianamente xenófobo y a favor de un control estatal fuerte (y por ende a favor del nefasto control monopólico). También marca una brecha, aún no total, de las inclinaciones que presenta la izquierda en nuestro país hacia el autoritarismo. Pero estas implicaciones intangibles también se entrelazan con medidas legislativas. En este momento el PRD está proponiendo legislar para que las recomendaciones pronunciadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) tengan carácter obligatorio y no sean solo de carácter enunciativas. Las declaraciones hacia Cuba fortalecen esta postura y dotan a la izquierda de una congruencia que le hacía mucha falta.

martes, 23 de marzo de 2010

Piñera contra la negación regional

Desde 1959 la izquierda de nuestra región ha sido deslumbrada sistemáticamente por un crisol basado en la Habana. Mientras tanto la derecha ha optado por una convivencia necesaria e intocable. Cincuenta y un años han pasado y la dictadura totalitaria de Fidel Castro ha continuado, ahora sumándose a Corea del Norte en este modelo de comunismo hereditario que encuentra muchas similitudes con el absolutismo europeo (la ironía y la contradicción resultan abrumantes). Mientras tanto Latinoamérica se encaminó en una ola democratizadora tras la caída de regímenes militares de derecha que cometieron atrocidades inadmisibles en Argentina, Chile y Brasil por mencionar algunos. Aquellos regímenes fueron esponsoreados por un Estados Unidos paranoico y cínico de la Guerra Fría, pero eso no justifica de forma alguna a la dictadura cubana. La democracia es, sin duda alguna, el menos peor de los sistemas. Y lo es porque respeta las cualidades humanas de discernir, de pensar libremente y de poder emprender cualquier proyecto (léase social, político o económico) individual sin rectoría o aprobación alguna. Nuestros pueblos, a saber los latinoamericanos, vivieron en carne propia la brutalidad del autoritarismo, la tragedia del control más atosigante y el terror del escrutinio privado más orwelliano. A pesar de esto nuestros gobiernos no han estado a la altura. No han bastado las promesas de democracia que los guerrilleros hicieron en la Sierra Maestra (grabadas en radio, para aquellos que estén dispuestos a escucharlas), el cinismo con el que violentaron la constitución cubana con el Proyecto Varela entre 1998 y 2003 o la reciente muerte del disidente Orlando Zapata para que las democracias latinoamericanas denuncien al gobierno del Partido Comunista Cubano. Ha podido más el anacronismo y la confusión histórica más profunda que la empatía y el sentido de responsabilidad global. Condenar a Cuba no implica aislarla ni mucho menos apoyar el bloqueo de Estados unidos. Es esta medida, también anacrónica, que fortalece discursivamente a los Castro y ofrece una justificación a su ineptitud en el manejo de una economía totalmente estatizada que no permite la actividad privada en ninguna forma (lo que ha traído consigo el surgimiento de una economía informal paralela, el tan afamado mercado negro cubano). La última cumbre regional, llevada a cabo en Playa del Carmen, se vio empañada por la muerte de Zapata. Y ahí las barreras ideológicas se difuminaron. Las muestras de afecto volaron de izquierda a derecha literalmente. Raúl saludaba a Calderón, Lula a abrazaba a Uribe y Chávez continuaba en su acostumbrada rutina de destrozar el mariachi mexicano. Los líderes democráticos sonreían hipócritamente y no tocaron el tema del prisionero político y su huelga de hambre que lo llevo hasta la muerte. Sin embargo este lunes el silencio reprobable fue roto por el mandatario de uno de los países que más han progresado en la región, Chile. El nuevo Presidente Sebastián Piñera se pronuncio en contra de los “prisioneros de conciencia” del país caribeño. También dijo que su gobierno haría “lo que esté a su alcance para contribuir a que en Cuba se produzca un proceso de recuperación pacífica de la democracia y un pleno restablecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales”. Pero esta condena, al igual que la cumbre latinoamericana, no fue monopolio de un espectro ideológico. El presidente del Partido Socialista Chileno Fulvio Rossi coincidió con lo dicho por el nuevo mandatario. Es la primera vez que la izquierda democrática se enfrenta a La Habana. Estas declaraciones resultan de enorme importancia y espero que detonen la condena de las dos potencias regionales México y Brasil. Además presenta una ventana de oportunidad enorme para no hacer caso omiso al avance del autoritarismo en Venezuela. Las declaraciones del Presidente chileno son de enorme importancia. Rompen con una inercia de cinismo y negación que aún impera en muchos países latinoamericanos.

lunes, 22 de marzo de 2010

Del nacionalismo, la política comparada, Julio Verne y los helados de Coppelia

Por vez primera La Tragedia abandona su naturaleza personal y les presenta la primera colaboración de este espacio. Espero que la visión de esta excelente politóloga y amiga ayude a refrescar las inevitables inercias del sello personal.

“Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Pablo Juárez García)... Y ¿qué pasa con la promoción del derecho ajeno?

Los procesos de democratización pueden ser estudiados desde diversas perspectivas, unas se centran en variables estructurales y otras han puesto más atención en las decisiones de actores relevantes y en la forma en que éstas afectan dichos procesos.

Sin dejar de lado la importancia de la economía, historia política, legados institucionales y demás variables estructurales, creo que actualmente en CUBA se está viviendo un momento, tal vez EL MOMENTO que requiere del estudio de las acciones de los actores relevantes, y es por ello que de esta temática tratan estas líneas (y la llamada telefónica que le hice a mi mamá al ver la primera plana del periódico REFORMA hoy 19 de marzo). Me refiero a las Damas de Blanco, Fariñas, algunos intelectuales latinos, Raúl, etc.

En el mundo de la política comparada se habla de los procesos de democratización y de la liberalización como un grado, un nivel dentro de éstos. También se define a la liberalización como el momento en que las bases hacen la suficiente presión sobre la élite política, logrando que esta última permita se ejerzan algunos derechos, principalmente sociales y políticos.

También se ha visto dentro de los estudios sobre procesos de democratización que las liberalizaciones generalmente ocurren cuando la élite política envejece, se desgasta o el líder carismático desaparece del escenario, delegando funciones.

No sé si 51 años de régimen, Raúl Castro como presidente, 4 días seguidos de marchas de estas mujeres en busca de la libertad de presos políticos y 24 de huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas, o la firma de 10 mil intelectuales latinos en contra de la muerte de Orlando Zapata, preso disidente, sean detonadores y síntomas de un proceso democratizador, la verdad teniendo familia de exiliados cubanos, me gustaría pensar que así es y aunque estos párrafos parezcan ciencia ficción de aquél escritor francés nacido en los años veinte, como ahora se reconoce su visión, así sean reconocidos estos pasos a la democracia.

Tal vez no tenga la suficiente experiencia, pero para mí estas pequeñas notas en los periódicos tienen trascendencia y su peso político puede incrementar según la cobertura y peso que les dé la comunidad internacional, tal vez sea hora de en un mundo globalizado dejar un poco la Doctrina Estrada y Juarista y convertirnos en promotores del derecho ajeno. Tal vez la comunidad internacional (lo que sea que eso signifique) pueda ser también un actor RELEVANTE.

Y en cuanto a los helados de la “Heladería Coppelia”, espero la transición llegue a tiempo para que pueda probarlos después de que se celebren elecciones LIBRES.

vhg