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jueves, 1 de julio de 2010

De vuelta a la guerra contra el narco

El asesinato del candidato a la gubernatura de Tamaulipas Rodolfo Torre Cantú y la reacción presidencial que le siguió me recordó profundamente a un artículo que escribí a mediados de marzo titulado La guerra contra el narcotráfico: una reflexión. He decidido que ante la coyuntura algunas de esas palabras deben ser rescatadas del olvido. Espero que ayude a nuestra delirante clase política a salir del trance en el que se ha encontrado y sepa cuáles son sus verdaderos enemigos:

El narcotráfico y la delincuencia organizada son un problema real cuya evolución histórica es demasiado compleja para caer en reduccionismos acusatorios. Esta es la postura que ha adaptado la oposición, en particular y muy gravemente la izquierda. Resulta vital que la izquierda promueva una agenda social para hacer frente a la inseguridad, como programas de educación y empleo para jóvenes en zonas dónde se presenten los índices más altos de sicariato. La actual administración es de derecha y ha hecho algo muy acorde con su naturaleza histórica: el uso de la coerción. Es innegable que es necesario el uso de la fuerza para hacer frente al narcotráfico, pero la condena poco propositiva de la oposición (que no quiere “ensuciarse las manos”) condena a esta guerra a una brutal miopía operativa. Parte de vivir en un sistema democrático es que las corrientes ideológicas tienen la libertad de implementar políticas acordes, lo que sumado a la pluralidad debe traducirse en medidas que ataquen los problemas por diferentes flancos. La fuerza de la derecha resulta vital para atender el problema inmediato, los grupos de traficantes violentos que se dedican al homicidio, a la extorsión y el secuestro. Las medidas progresivas y sociales deberían hacerse presentes para dar soluciones al mediano y largo plazo, las políticas de educación, de apoyo para el empleo y las relacionadas a la lucha contra la disparidad y la exclusión. La oposición en México (más allá de la ideología) tiene una cultura de confrontación dogmática con la fuerza política en el poder, lo que está resultando en un manejo monopólico de la agenda pública. Es irresponsable asumir que, en democracia, las fuerzas políticas pueden abstener su involucramiento en los grandes problemas nacionales. Es una práctica nociva y reprobable.

La guerra contra el narcotráfico no puede seguir así. Debemos responsabilizarnos colectivamente con el problema la sociedad, los gobiernos y los partidos políticos para darle solución. Y eso requiere de una conjunción de medidas que le conciernen a todos los actores y a todos los espectros ideológicos. Este es el único país que tenemos, no hay otro. Y debemos responsabilizarnos con él.

jueves, 24 de junio de 2010

Contra la dogmática prohibición

Ninguna droga, ni siquiera el alcohol, es causa de los padecimientos fundamentales de la sociedad. Si queremos en encontrar el origen de nuestros problemas, no deberíamos examinar a la gente por drogas, deberíamos hacerlo por estupidez, ignorancia, avaricia o idolatría del poder.- P.J. O'Rourke

Hagamos una pausa de la muy necesitada distracción mundialista para volver a la crudeza del México contemporáneo. La guerra contra el narcotráfico ha continuado, con su ya rutinaria brutalidad y violencia desbordada. Las palabras de O´Rourke, afamado analista político y autor norteamericano, resultan enormemente lúcidas. Este enfrentamiento entre el gobierno federal y los grandes cárteles de la droga en México no persigue un fin claro, es una guerra condenada a la falta absoluta de un epílogo. Los 101 años de prohibición han fracasado para instaurar una forma de delincuencia globalizada cuyo poder amenaza a Estados en varios puntos del planeta, México es sólo una nación más de la larga lista que integran Jamaica, Pakistán, Perú, Afganistán y Colombia. La regulación de todas las drogas ilícitas se vislumbra como la única solución viable y sostenible al problema del narcotráfico, un sector que amparado en la ilegalidad obtiene ganancias masivas y aglomera un vasto poder coercitivo. La prohibición, y la insensata guerra que la acompaña, no es sólo inviable sino que también es muy costosa: estudios de RAND Corporation han demostrado que por cada $7.3 dólares que se invierten en organizaciones policiacas en la lucha contra las drogas se reduce la misma cantidad de cocaína que con un dólar invertido en tratamiento. Por cada $10.8 dólares destinados a seguridad fronteriza se mantiene la misma correlación. La ilegalidad infla artificialmente el precio del producto, a grado tal que la ONU estima que deberían decomisarse tres cuartas partes de toda la producción global de drogas para alcanzar un impacto significativo sobre las ganancias de los cárteles. Se estima que sólo un 40% de la producción total de cocaína es decomisada cada año. El modelo de erradicación ha tenido éxito en ciertos países pero a expensas de otros. En Colombia los suelos dedicados a la siembra de coca han caído en un 60%, en ese mismo periodo la producción se desplazó a Bolivia y Perú, aumentando en un 42 y un 55% respectivamente. Pero además, al igual que los decomisos, las cifras de erradicación resultan muy engañosas. La falta de tierras para cultivo ha sido compensada con avances en la productividad, prueba de ello es que Naciones Unidas ha estimado que la producción global de cocaína ha aumentado 10% con respecto a 2005. El narcotráfico a diferencia del modelo de la prohibición, es un sector muy pujante en lo que respecta a la innovación. Por ello la producción de tachas ha aumentado en México a pesar de que las autoridades trataron de cortar su suministro de insumos prohibiendo la importación de MDMA de Asia. Los cárteles han encontrado la forma de producir estos insumos a escala nacional utilizando químicos relacionados con la perfumería. Las palabras de O´Rourke no pueden ser más ciertas. La prohibición se relaciona más con la idolatría al poder, el dogmatismo y la ignorancia que con las sustancias prohibidas que aspira ilusoriamente erradicar.

Para aunar más: California por la legalización

jueves, 22 de abril de 2010

Cambios

Nuestra clase política brilla por su ineptitud. El dogmatismo, la corrupción y el nacionalismo más cínico son sólo algunas palabras que describen a las altas esferas de nuestros partidos, que parecen testigos mudos a un país asediado por la violencia, los monopolios y la desigualdad. Uno de los principales problemas es que la clase política ejerce un control monopólico sobre su propio ámbito y lo ha manifestado rechazando las candidaturas ciudadanas independientes. Por ello no trastocan los intereses monopólicos ya que ello requeriría de un ejercicio de autocrítica que no están dispuestos a ejercer (además de la obviedad de que cada agrupación política está coludida con algún monopolio ya sea público o privado, sin excepción alguna). Ante esta situación a veces me resulta sorprendente conocer a personas lo suficientemente ilusas y dogmáticas para creer que la soluciones saldrán de la cantera política, en forma de caciques que evocan a nuestra naturaleza autoritaria y corporativista. Mientras tanto el país se rezaga y la mayoría parece estar cegada de las soluciones reales que mejorarían la situación al largo plazo. Para los que tengan afán reproductivo (cuentan con toda mi admiración…) parece no preocuparles el país que le heredaremos a las generaciones venideras, para cuando nos recuerden como aquellos imbéciles delirantes que les impusieron una tiranía transgeneracional. Esta desvinculación absoluta también se basa en nuestra falta total de concepto de ciudadanía: no somos mexicanos somos estratos (“naco” o “la gente”, “gente bien” o “güero”, los hay para todos los niveles de negación y delirio) o miembros adscritos a alguna corporación (electricista, petrolero, maestro, burócrata, empresario). Con estas concepciones no nos damos cuenta del destino común que compartimos y negamos las similitudes que abruman a las diferencias. El panorama es desalentador: la pérdida de capital humano por la migración es incalculable, expulsando a los mexicanos jóvenes que deberían ayudar al país a salir adelante; estamos dilapidando nuestro capital ambiental (ya hemos perdido el 95% de los bosques tropicales y ni siquiera hemos llevado a cabo un censo de nuestros acuíferos); la economía no es libre y está restringida a los intereses de un sector paraestatal del viejo régimen y un empresariado autoritario; las izquierdas y las derechas son nacionalistas e inoperantes; no nos estamos preparando para una inminente revolución energética y los que predican que el petróleo es nuestra identidad nacional mienten rozando en lo criminal; los únicos sectores que ofrecen sobresalir son la economía informal, la delincuencia organizada y el narcotráfico. Esta lista podría continuar. Y estas palabras desesperadas son para proponer un muy necesitado cambio: debemos quitarnos de encima la pesada carga del nacionalismo y el paternalismo, tener una conciencia ciudadana liberal que priorice el individuo sobre la corporación, ha llegado la hora de entender que lo público no es monopolio de la clase política y si queremos acabar con otros entes similares éste debe ser el primero en ser sometido a un proceso de apertura. Las soluciones globales a problemas nacionales no saldrán de caciques o del manejo unilateral de la agenda, lo harán del amplio debate y de la cogobernanza de representantes y representados. De no lograr estos cambios el futuro de México se vislumbra muy sombrío. Y lo que resulta más deprimente es que la factura se la pasaremos a los mexicanos que aún no están aquí.

martes, 13 de abril de 2010

Una buena noticia para Juárez

En un país como México es muy necesario encontrar lo positivo en lo sutil, en aquellos logros que se nublan y llegan a perderse en aquél inmenso océano de desesperación del narcotráfico, la disparidad, los monopolios y otra infinidad de infamias. En un artículo anterior titulado Para recuperar Juárez hablaba de la importancia de mantener una presencia coercitiva en la capital de Chihuahua pero coordinada con programas sociales que generen mejores condiciones para su olvidada juventud. Sólo así rescataremos a Juárez y a sus jóvenes de las alternativas monopólicas del sicariato y la delincuencia. Ciudad Juárez es una metrópoli fronteriza cuya maldición y salvación es colindar directamente con la gran potencia de occidente: Estados Unidos. Y esta dualidad se refleja en la economía de esta lacerada y violenta capital: el sector manufacturero, con 300 parques industriales, representa aproximadamente el 45% del Producto Interno Bruto (PIB) de todo el estado. Esto convirtió al lugar en una centro urbano cosmopolita y pujante, un punto de encuentro de dos grandes y muy diferentes naciones. Cuando la economía norteamericana colapsó en 2009 ochenta y dos maquiladores entraron en paro (25 por ciento de las 330 existentes) lo que afectó a más de 35 mil empleos directos del sector. A finales del 2009 el INEGI reportó 3.5 millones de personas desempleadas, de las cuales aproximadamente 2 millones eran jóvenes. La bendición de la cercanía al imperio se había convertido de pronto en condena. A esto se suma el tráfico de cantidades masivas de enervantes hacia El Paso, Texas. Según la DEA unas 506 pandillas operan en la ciudad entre la que destacan Los Aztecas, responsables del asesinato de 16 estudiantes y de un funcionario del consulado gringo. Los Cárteles han aprovechado la existencia de esta base criminal para convertir a Ciudad Juárez en una de las plazas de tráfico más importantes en nuestro país. A esto se suma que el estado de Chihuahua es un punto de paso para el comercio a Sonora, Sinaloa, Durango y Coahuila lo que facilita el contrabando ilegal. Por ello el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CIDAC) considera a la capital de Chihuahua como el punto de tráfico más importante para los Cárteles de nuestro país. De este alud de malas noticias y retos hoy se publicó una muy buena noticia. Las exportaciones Mexicanas a EEUU se incrementaron 32.6%, señal de la recuperación de la economía gringa. Esto representa para un centro maquilador como Juárez una gran noticia. Pero debe llevarnos a prever cuando la situación empeore. En 2006 el comercio de México con Estados Unidos representó casi del 90% de las exportaciones y el 55% de las importaciones. Nuestra economía se encuentra demasiado ligada a la de EEUU, lo que nos pone en una situación de extrema vulnerabilidad considerando el poder de los cárteles de traficantes mexicanos y la violencia ligada a éstos. Parte de una estrategia integral contra el narcotráfico debería considerar la diversificación de nuestro comercio, lo que nos blindaría de los embates de las desaceleraciones económicas recurrentes. Sentaría las bases para un crecimiento robusto y constante que impacte la infame exclusión y disparidad que aquejan a nuestro país. Hoy hubo buenas noticias para Juárez y todos nuestros estados fronterizos. Pero eso no debe negarnos la posibilidad de planificar a futuro.

lunes, 12 de abril de 2010

California por la legalización

La guerra contra el narcotráfico ha continuado y la situación no parece mejorar. En los primeros 34 días del 2010 se alcanzaron las primeras mil muertes relacionadas a esta industria, en 2009 tomó 51 días alcanzar esta cifra. El gobierno se ha escudado en la inmediatez, argumentando que esta escalada de la violencia ha alcanzado un pico y que sus detonantes se deben a los logros de la guerra contra el crimen organizado, como la muerte de Arturo Beltrán Leyva a manos de efectivos de la Marina en diciembre del año pasado. El segundo argumento parece lúcido, la reconfiguración de las líneas de mando tras la muerte de un capo ha sido un escenario probado por la historia del narcotráfico en México. El primero puede responderse con una réplica que Jorge Luis Borges hizo sobre su país natal Argentina: ¿el fondo tiene fin? O para este caso, y parafraseando al maestro de la metafísica literaria, ¿el pico de muertes en verdad representa un límite? En este sentido lo declarado por “El Mayo” Zambada, uno de los capos del Cártel de Sinaloa, a Julio Scherer resulta preocupante: “El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí” (Proceso, 3 de abril de 2010). Todo apunta a que estamos encausados en una guerra sin victoria posible, un ciclo infinito de renovación de cuadros de las mafias fundamentado en la exclusión y el desgastado y fracasado modelo de la prohibición. Estados Unidos ha invertido más de $25 mil millones de dólares en nuestra región en los últimos 15 años a esfuerzos de erradicación, sin embargo el precio neto de la cocaína y la heroína ha bajado mientras ha aumentado su pureza, prueba irrefutable del aumento en la producción y trasiego del narcotráfico. A esto se suman problemas que no se debaten en los medios masivos de comunicación, como la degradación del medio ambiente ligada al narcotráfico y los esfuerzos de erradicación. Por ejemplo los programas de erradicación en Colombia esponsoreados por EEUU han contribuido a la pérdida de 1.75 millones de hectáreas de bosque tropical en la nación cafetalera. Las drogas deben legalizarse bajo esquemas regulatorios, no existe otra alternativa. Y aunque las medidas para la legalización se sientan distantes el estado de California nos está mandando buenas noticias. Activistas lograron recabar 694,248 firmas (de 433,971 requeridas) para votar la legalización de la mariguana en ese estado para noviembre. Bajo la propuesta los ciudadanos mayores de 21 años podrían portar 28.5 gramos de mariguana para consumo personal, llevando a otro nivel la medida que permitió el uso medicinal del enervante en 1996. Tras la reforma californiana 13 estados y el distrito de Columbia ajustaron sus marcos regulatorios en este sentido, convirtiendo a EEUU en el primer productor de mariguana mundial (con California encabezando la producción doméstica). Una encuesta realizada en el estado en abril del 2009 mostró que 56% de los encuestados estaban a favor de la legalización. Además la medida se da en un momento de profunda dificultad para el fisco californiano que enfrenta un déficit de $20mil millones de dólares. La legalización traería consigo mil millones de dólares en entradas por impuestos, mientras que reduciría el costo de procesar y encarcelar a consumidores que no son delincuentes. Lo que resulta aún más importante es que este escenario se asemeja mucho a la finalización de la prohibición del alcohol en la década de los 30, cuando en un entorno de crisis económica los estados comenzaron a tomar el camino de la regularización. La mariguana podría seguir el mismo sendero. Y al tomar en cuenta que más de la mitad de los ingresos de los capos mexicanos vienen exclusivamente de la mariguana las noticias provenientes de california no podrían ser mejores. Le podrían cambiar el rostro a una guerra que, por ahora, no parece tener fondo ni parece tener fin.

Para ampliar el necesitado debate:

La guerra contra el narcotráfico: una reflexión

miércoles, 17 de marzo de 2010

La guerra contra el narcotráfico: una reflexión

La última visita del Presidente a Ciudad Juárez debe conducirnos a una reflexión genuina entorno a la guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Esto requiere escapar a la tiranía de la inmediatez y el sano distanciamiento de los intereses políticos. Ayer el Presidente respondió a las acusaciones de la sociedad civil juarense con un argumento que en un extremo era estadista y en el otro era metafísico: primero recalcaba la necesidad de apegarse a datos duros (haciendo referencia constantemente a los cuantificables homicidios) para luego argumentar que una mejora en la percepción ciudadana ayudaría a estigmatizar a la delincuencia y sus actividades afines, lo que traería resultados a las laceradas calles de Ciudad Juárez. Esto es muy rebatible y para dar la razón al Presidente en la primera parte de su argumento, habría que comprobar si existe correlación alguna entre la percepción ciudadana y la disminución de la tasa de criminalidad. Entiendo absolutamente la defensa política de lo que se ha convertido en la principal prioridad de esta administración pero eso no debe bloquear la posibilidad de enriquecer y mejorar la calidad del debate. El narcotráfico y la delincuencia organizada son un problema real cuya evolución histórica es demasiado compleja para caer en reduccionismos acusatorios. Esta es la postura que ha adaptado la oposición, en particular y muy gravemente la izquierda. Resulta vital que la izquierda promueva una agenda social para hacer frente a la inseguridad, como programas de educación y empleo para jóvenes en zonas dónde se presenten los índices más altos de sicariato. La actual administración es de derecha y ha hecho algo muy acorde con su naturaleza histórica: el uso de la coerción. Es innegable que es necesario el uso de la fuerza para hacer frente al narcotráfico, pero la condena poco propositiva de la oposición (que no quiere “ensuciarse las manos”) condena a esta guerra a una brutal miopía operativa. Parte de vivir en un sistema democrático es que las corrientes ideológicas tienen la libertad de implementar políticas acordes, lo que sumado a la pluralidad debe traducirse en medidas que ataquen los problemas por diferentes flancos. La fuerza de la derecha resulta vital para atender el problema inmediato, los grupos de traficantes violentos que se dedican al homicidio, a la extorsión y el secuestro. Las medidas progresivas y sociales deberían hacerse presentes para dar soluciones al mediano y largo plazo, las políticas de educación, de apoyo para el empleo y las relacionadas a la lucha contra la disparidad y la exclusión. La oposición en México (más allá de la ideología) tiene una cultura de confrontación dogmática con la fuerza política en el poder, lo que está resultando en un manejo monopólico de la agenda pública. Es irresponsable asumir que, en democracia, las fuerzas políticas pueden abstener su involucramiento en los grandes problemas nacionales. Es una práctica nociva y reprobable. Y volviendo a la baja calidad del debate repasemos lo que ayer el presidente no dijo sobre la guerra contra el narcotráfico: 90% de las armas decomisadas al crimen organizado son traficadas desde EEUU ¿Qué se está haciendo? ¿Hay medidas binacionales en curso? ¿Ha aumentado o ha disminuido el flujo? Las policías en México son corruptas, ineficientes, mal pagadas y mal entrenadas ¿Existe un proceso de reforma? ¿A qué se encamina? ¿Se ha considerado la tan debatida posibilidad de instaurar una policía única nacional? Se sabe que la mariguana representa más de la mitad de los ingresos de los cárteles mexicanos y en EEUU ya existe una muy laxa forma de legalización ¿No valdría la pena legalizar –bajo esquemas regulatorios claro está- la mariguana? El Ejército es una institución cuya función es salvaguardar, por todos los medios, la seguridad nacional pero no la pública. Involucrar a las Fuerzas Armadas en este conflicto las expone a la corrupción de los cárteles y las exhibe políticamente, lo que puede resultar riesgoso para la consolidación de nuestra democracia ¿Hay algún plazo para que el Ejército abandone las calles? ¿No podemos fijarnos fechas –gobierno y sociedad- como lo hicieron los gringos para Irak? Esto permitiría plantear escenarios y llevar a cabo evaluaciones más concretas. La guerra contra el narcotráfico no puede seguir así. Debemos responsabilizarnos colectivamente con el problema la sociedad, los gobiernos y los partidos políticos para darle solución. Y eso requiere de una conjunción de medidas que le conciernen a todos los actores y a todos los espectros ideológicos. Este es el único país que tenemos, no hay otro. Y debemos responsabilizarnos con él.

Para ampliar el tan necesitado debate:

Para recuperar Juárez
Una visión cruda de la guerra contra el narcotráfico
Narco S.A.
La muerte de Beltrán Leyva
Portugal: una esperanza en la insensatez de la prohibición
¿Y si legalizásemos las drogas?

lunes, 22 de febrero de 2010

Para recuperar Juárez

Juárez actualmente es la ciudad más violenta del planeta donde no se está desarrollando un conflicto bélico. En 2009 2 mil 660 personas fueron asesinadas en la capital de Chihuahua, muestra de la violencia desbordada que sufre la quinta ciudad más grande de nuestro país. Así esta metrópoli fronteriza se ha convertido en un ícono de la guerra contra el narco, de su brutalidad y de lo distante que aún se vislumbra algún tipo de victoria. Recuperar Juárez representaría, para el actual gobierno y para nuestra sociedad, una victoria importante en la batalla por la recuperación del espacio público en México. En 2008 la administración del Presidente Calderón envío un contingente de 10 mil efectivos del Ejército, reforzando la línea de acción coercitiva en respuesta a la irrupción del Cártel de Sinaloa en el estado para apropiarse de aquella importante plaza de tráfico. Evidentemente la fuerza ha resultado insuficiente para recuperar Ciudad Juárez. La tasa nacional es de 10 homicidios por cada 100 mil habitantes, Venezuela tiene 48, Colombia 37 y Brasil 25. Chihuahua presenta 143 homicidios por cada 100 mil habitantes. Es necesario implementar un programa global que, sin perder de vista la importancia de la coerción, atiendan los grandes pendientes sociales que aquejan a la ciudad. Aproximadamente 80,000 jóvenes juarenses están desempleados o no cuentan con acceso a la educación, por lo que la única alternativa que se les presenta es el sicariato. Con más de 300 maquilas, el sector manufacturero representa aproximadamente el 45% del Producto Interno Bruto (PIB) del estado de Chihuahua. La crisis económica con su epicentro en Estados Unidos afectó especialmente al sector maquilador de la ciudad que creó varias fuentes de empleo a mediados de los noventa. Esto estimuló la migración e incentivó a una generación de jóvenes a abandonar sus estudios ante la oportunidad de conseguir un trabajo. En 2000 había registrados 264 mil 700 trabajadores en la industria maquiladora de Juárez, y para 2008 ya habían desaparecido casi 25 mil empleos. En 2009 ochenta y dos maquiladores entraron en paro (25 por ciento de las 330 existentes) lo que afectó a más de 35 mil empleos directos del sector. Se calcula otros 10 mil trabajos secundarios ligados a la maquila como proveedores y transportistas se perdieron. Pero el ejemplo de Juárez lanza señales preocupantes sobre nuestro panorama nacional. La crisis afectó profundamente a los jóvenes de todo el país. A finales del 2009 el INEGI reportó 3.5 millones de personas desempleadas, de las cuales aproximadamente 2 millones eran jóvenes. Estas omisiones sólo fortalecen al crimen organizado engrosando sus canteras. Se estima que de los 8 millones de jóvenes que no figuran en los registros gubernamentales 4 están expuestos directamente a involucrarse en las redes del crimen organizado. Volvamos a Juárez. Siendo una plaza vital para el trasiego de drogas a EEUU, es necesario aplicar una política integral de tratamiento a adictos en Ciudad Juárez. De acuerdo a los estimados hay 49 mil adictos en la capital de Chihuahua y la infraestructura existente sólo permite tratar a unas cinco mil. El noventa por ciento restante no recibe ayuda alguna. Si queremos aliviar a Juárez nuestro gobierno debe ofrecer oportunidades educativas y laborales a sus jóvenes. También se debe apoyar la creación de lugares comunes de convivencia que ofrezcan alternativa al involucramiento en las mafias. Nuestro Ejército no puede y no debe irse de la capital de Chihuahua. Pero eso no quiere decir que no exista política social que complemente su presencia. Sólo con este binomio recuperaremos Juárez.

martes, 26 de enero de 2010

Una visión cruda de la guerra contra el narcotráfico


Según el político francés Georges Clemenceau una guerra es una serie de catástrofes que resultan en una victoria. La aseveración de este liberal que se opuso al régimen de Napoleón III resulta muy lúcida por un simple motivo: un conflicto armado, para llegar a un fin, se construye entorno a la infamia, a la catástrofe y a la faceta más malvada de la condición humana. Ambos bandos para alcanzar la victoria cometerán cualquier cantidad de atrocidades y aquella idea (muy gringa) de la “guerra justa” sin bajas de inocentes ni violaciones a los derechos humanos simplemente no existe. Esta contradicción de términos nos hace de pronto perder los alcances y las consecuencias de una guerra y llegamos a caer en la insensata idea de transplantar los ideales de la justicia a un terreno en donde lo infame y lo catastrófico son los monopolios imperantes. La frustración y la indignación suelen ser las conclusiones a la que llegan “los justos”. Ahora en México al igual que en Afganistán se está librando una guerra. Y sin embargo nos sorprende y nos indigna que nuestras fuerzas armadas no sean “justas”. Es más fácil negar la naturaleza de los conflictos bélicos que enfrentarlos por lo que realmente son y así asumir sus horribles costos. Pero una película carioca se sale de los moldes preestablecidos para presentarnos la guerra contra el narcotráfico por lo que realmente es: Tropa de Elite del director José Padilha. Esta ganadora del Oso de Oro a la Mejor Película en el 58º Festival de Berlín nos cuenta la historia de un comando de la fuerza de élite BOPE, que combate al narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro (cuya tasa de asesinatos es de 38 por cada 100 mil habitantes, en la Ciudad de México es de 5). Desde un comienzo una cosa queda más que clara: los traficantes armados hasta los dientes no permitirán ser arrestados. Así queda puesto el escenario en el que los integrantes de BOPE deben tomar una simple decisión: asesinar o ser asesinados. Los medios son absolutamente justificados bajo aquél fúnebre fin. El personaje del Capitán Nascimento, interpretado magistralmente por Wagner Moura, debe pacificar una favela antes de una visita del Papa Juan Pablo II en 1997. Lo que resulta más brutal y desgarrador de este film es cómo nos encara con la compleja realidad de la lucha contra el narcotráfico: la burguesía carioca progresista, a favor de los derechos humanos y a la vez drogadicta defiende a los traficantes víctimas de la exclusión y la pobreza. Mientras tanto los agentes de BOPE enfrentan la realidad sin el filtro de los conjuntos habitacionales amurallados y las bardas electrificadas; los traficantes son el enemigo y para acabar con ellos cualquier acción está justificada. En este entorno reside el argumento más interesante de la película: en la que los héroes no son la decencia humana encarnada, en realidad son tan infames y brutales como sus contrapartes. La substracción de información utilizando la tortura y los asesinatos selectivos son algunos de los medios que estos héroes de carne y hueso utilizan en esta guerra real, distanciada de los cánones ilusorios del “conflicto justo”. Es una gran película que invita a la reflexión y que resulta obligada para los habitantes de un país como el nuestro donde el narcotráfico es un flagelo que se ha arraigado en lo más profundo de nuestra convivencia diaria. Es una película honesta, inteligente y cruda sobre la guerra contra las drogas. Y demuestra, a diferencia del artículo del documental Manda Bala, que en la guerra contra el narcotráfico hay muchos más victimarios que víctimas.



martes, 22 de diciembre de 2009

Por un DF más humano


Para cualquier habitante que vive día con día en las calles del Distrito Federal esta afirmación no lo sorprenderá: nuestra capital es una ciudad profundamente violenta. Y no lo es sólo por los índices de inseguridad, lo es también por su distribución espacial y su planeación urbana. Cada mañana y cada tarde millones de automóviles llenan nuestras gigantes avenidas para escenificar una batalla campal que haría palidecer al avance soviético sobre Alemania en 1945. La pelea por el espacio (un bien local muy escaso) se ha perpetuado entre estos monstruos mecánicos que han acabado con la vida peatonal en la ciudad. Pero el enfrentamiento no se queda ahí, la arquitectura chilanga es tan polarizada que ha convertido a nuestros barrios y edificios en otra forma de confrontación. Los barrios más acaudalados se enfrentan con su simple existencia a sus vecinos pauperizados, los corporativos se levantan prepotentemente ante los barrios marginales que parecen no tener fin. El agua, su abasto y acceso, es otra faceta violenta de la vida diaria en el DF en donde los pobres pagan más en pipas privadas que compensan lo que nuestras instituciones gubernamentales no les logran facilitar. Recientemente y con un afán que parece derrotista el GDF instaló ocho mil cámaras de seguridad, lo que facilitará el registro en video de nuestra violenta ciudad. De acuerdo al Banco Mundial en la Ciudad de México conviven niveles de consumo de Madrid con pobreza del Caribe; sobra explicar que este es otro factor de exclusión y de agresión. Las ciudades amuralladas, los guardaespaldas y las bardas electrificadas se han propagado como un cáncer incurable, asumiendo y aceptando aquél enfrentamiento para el que no encontraremos otra solución. El gobierno además de la presencia orwelliana del circuito cerrado ha aplicado una política de Cero Tolerancia que ha llevado a expropiaciones arbitrarias y a la desaparición de elementos “indeseables” de nuestra ciudad (ir al artículo Fascismo). La disparidad y la exclusión son las causas de raíz de esta violencia, pero eso no debería impedirnos tomar medidas paliativas que mejoren esta situación al corto plazo. Debemos recuperar el espacio público como un punto de encuentro, dónde podamos edificar los lugares comunes que implica la convivencia ciudadana en democracia. Y para ello debemos pensar en un DF más humano en el que los espacios comunes hagan frente a la innegable disparidad y que mermen este status quo que favorece la exclusión y la negación sobre la convivencia (que conlleva a afrontar nuestros problemas sociales de forma colectiva). Un Distrito Federal hecho para ciudadanos debe atacar a nuestra peor adicción: el automóvil. DF creció por su cuenta sin ninguna planeación de por medio. En los 80 el norte y el sur de la ciudad estaba separada por 20 kilómetros de distancia, ahora son 60. Trasladarse una distancia considerable toma entre dos y tres horas en promedio. Esto es producto de un desarrollo de vialidades que se ha basado en la desquiciada idea de que la infraestructura puede mantenerse a la par de la demanda de los coches, lo que es falaz e inútil. En la inmensidad de nuestra capital ya existen espacios como éstos, el Bosque de Tlalpan y de Chapultepec son un ejemplo. En cuanto a las autoridades capitalinas su postura ha sido buena y nefasta a la vez: la recuperación del primer sector del Centro Histórico y la conversión de Madero en una calle peatonal han sido medidas muy positivas. La red de metrobus y el tren suburbano son otras. Pero chocan con el segundo piso periférico sur, una obra faraónica (hecha para y por un candidato que ambiciona como nadie la presidencia del país) que privilegia al ya predominante automóvil, aislándonos de los demás ciudadanos con los que cohabitamos esta metrópoli y pauperizando más nuestra intangible pero vital calidad de vida. Ahora el GDF y el gobierno del Estado de México piensan ampliar este monstruo para que cruce la ciudad de norte a sur. Bernardo Baranda director general del Instituto para el Transporte y el Desarrollo de Políticas (ITDP) alguna vez dijo que medidas como ésta “es como tratar de atender el problema de la obesidad comprando ropa más holgada”. Sin lugar a duda los segundos pisos impactan y posicionan a posibles candidatos pero vuelven más agresiva a esta violenta ciudad. DF puede ser más humano convirtiéndose en un espacio colectivo que nos vuelva cómplices del destino común que compartimos. Y para ello hay que privilegiar las áreas verdes, las zonas peatonales, los parques y el transporte colectivo.

Para aunar más:
El potencial de la marginalidad urbana del siglo XXI
Para los habitantes de una ciudad máxima

viernes, 18 de diciembre de 2009

La muerte de Beltrán Leyva


La muerte de Arturo Beltrán Leyva es un logro por los siguientes motivos: demuestra que la Marina y el Ejército mexicano están accediendo a mejores sistemas de inteligencia, lo que permitió la localización del entonces “jefe de jefes” del Cártel de Sinaloa. La labor de la Unidad de Inteligencia Naval (UIN) fue vital para el operativo en el que Leyva murió. También demuestra que, aunque aún en una etapa embrionaria, las fuerzas del Estado están adquiriendo mayor capacidad de coerción para enfrentar a las grandes mafias mexicanas. Y esto en definitiva no es sencillo. Uno de los tráficos que resulta más preocupante para nuestro país es uno que va de Estados Unidos a México y que no se ha posicionado como el de los estupefacientes: el de armas. 90 por ciento de las armas decomisadas al narco provienen de Estados Unidos. Según el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano ingresan 2,000 armas de contrabando provenientes de EEUU a nuestro país. Con base a lo declarado por este comité entonces llevan ingresadas un millón 460 mil armas a nuestro país entre el 2006 y el 2008. Los narcos llevan fusiles para atravesar blindaje, lanzacohetes antitanque y ametralladoras antiaéreas. Su capacidad económica es enorme, según estimaciones de la DEA los narcos mexicanos generan aproximadamente $13.8 mil millones de dólares al año. Una AK47 se puede conseguir en la frontera por $600 dólares y una AR-15 por mil. El mercado libre de armamento norteamericano no ha ignorado esto y ya existen 12 mil 706 tiendas a lo largo de la línea fronteriza donde se pueden adquirir armas sin ningún monitoreo. Según el Ejército mexicano, 30 0 40 personas de cada cártel (el del Golfo, Sinaloa, Tijuana, la Familia Michoacana y Juárez) se dedican exclusivamente a contactar fuentes de armamento y operadores para traficarlas. En el enfrentamiento con Leyva y sus sicarios los narcotraficantes utilizaron granadas en varias ocasiones (una de ellas mató a un marino), lo que demuestra la gravedad del tema del armamento en esta guerra. Tomó cinco horas terminar el enfrentamiento. Pero al igual que los logros también hay fracasos. Aunque Beltrán Leyva muera y posiblemente esto afecte profundamente la capacidad operativa y el poder del Cártel de Sinaloa el problema no desaparece. Este no es el primer capo que cae, dos ejemplos pasados son Osiel Cárdenas –apresado- y García Abrego – que fue asesinado en operación en un hospital de DF-. Cuando un capo cae los cárteles experimentan enfrentamientos profundamente violentos hasta definir nuevas líneas de mando. Ahora esto ocurrirá al interior del Cártel de Sinaloa. Y se formarán nuevos liderazgos. Comprendo perfectamente que por ahora el Ejército mexicano es la única institución capaz de encarar a este monstruo y es necesario reformar nuestros cuerpos policíacos para volverlos más eficaces, que cuenten con una capacidad coercitiva viable y servicios de inteligencia que les permitan atestar golpes certeros a las mafias. Pero también valdría la pena ver más allá y ser mucho más ambiciosos en nuestras aspiraciones como país. Ocho mil mexicanos han muerto desde el comienzo de esta guerra cuyo sustento es la anacrónica y fracasada prohibición de las drogas. La coerción a nivel mundial ha fallado en lo que se ha atestiguado la versatilidad de los cárteles y su capacidad de adaptación. Aplaudo a la Marina y al Ejército, sin lugar a duda es un gran logro. Pero ha llegado la hora de preguntarnos si realmente el costo de esas ocho mil vidas ha traído beneficios que las justifiquen.

Para ampliar el muy necesitado debate:
Portugal: una esperanza en la insensatez de la prohibición
¿Y si legalizásemos las drogas?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Terapia para los más pobres


La psicoterapia siempre se ha relacionado con la modernidad, el ocio y el estrés de la vida urbana orilla a los individuos a los traumas existencialistas más profundos. No por ello un ilustre neoyorkino neurótico, Woody Allen ha sido un paciente eterno de su psicólogo. Pero los traumas y las patologías no sólo se dan en la ciudad norteamericana cuyo ingreso per cápita anual oscilaba en los $50,919 dólares en 2008. Un reciente estudio ha demostrado algo que suena obvio pero que jamás se había considerado: los más pobres del planeta están expuestos a muchas más situaciones traumáticas y resulta igual de importante velar por su bienestar mental cómo patrimonial y alimentario. Frank Neuner un psicólogo de la Universidad de Bielefeld en Alemania ha ayudado a más de 14 mil refugiados ruandeses a tratar sus casos de síndrome de estrés postraumático, un trastorno psiquiátrico que se presenta en personas que han vivido experiencias traumáticas (en el que hay regresiones continuas al evento que detonó el síndrome, como una violación o un asesinato). Aplicando una terapia conocida como “exposición narrativa” Neuner ha logrado parar las pesadillas y la conducta violenta de estos refugiados, que han sido expuestos a las experiencias más traumáticas y violentas imaginables. Después de cuatro sesiones de una hora un niño de trece años ha logrado marcadas mejorías para asimilar la pesadilla que vivió: su mejor amiga fue violada y asesinada delante de él. Estudios como éste pueden resultar revolucionarios, ninguna agencia u organismo internacional considera el bienestar psicológico de los más pobres. Pero en los últimos 10 años diferentes proyectos han demostrado lo grave de esta omisión que jamás se ha incluido en los programas de salud destinados para los más desposeídos del planeta. Madres pobres que sufren de depresión postparto se han visto beneficiadas por el acceso a psicoterapeutas. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Liverpool demostró que este brote de depresión se da más en las zonas pobres del sur de Asia que en las naciones desarrolladas (en ciertas zonas el 30% de las madres sufren de este padecimiento, lo que es el doble de la media global). Las mujeres pobres con hijos malnutridos tienden a desesperarse y dejan de buscar alternativas nutritivas para los suyos. Todo esto está llevando a una misma conclusión: los individuos cuya existencia se basa en sobrevivir son más vulnerables a las patologías que sus contrapartes en los países ricos. La ONU, el Banco Mundial, el BID y el PNUD deberían tomar nota e integrar este importante pendiente a sus proyectos de salud.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Bronson: la violencia como un arte


Este mundo es gobernado por la violencia. Pero creo que es mejor no decirlo. – Bob Dylan

Esta frase de Dylan no es esperanzadora ni tampoco reveladora, es fría y ante todo realista. Parece que la condición humana no existiría sin la violencia: no hay generación que no haya conocido alguna forma de conflicto en nuestra existencia y los ejemplos, tanto históricos como actuales, son demasiados como la enlistarnos en este texto. Además dicha tarea no nos permitiría hablar de la película Bronson, tema al que están dedicadas estas palabras. Esta realización está basada en Charlie Bronson el prisionero más peligroso de Reino Unido. Su nombre original era Michael Gordon Peterson pero cambió su nombre como lo haría cualquier actor o músico hoy en día. Y lo hizo por el mismo motivo que empuja a las personas a este cambio: es un nombre artístico y la disciplina de este artista es el espectáculo de la violencia. La historia comienza con el primer arresto de Bronson cuando robó 26 libras con 18 peniques de una oficina de correos de Little Sutton en 1974. El delito fue castigado con siete años de cárcel. Así conocemos a este personaje –en toda la plenitud del término- que es interpretado maravillosamente por Tom Hardy, cuya adaptación física es tan buena y profunda como la realizada por Charlize Theron en la película Monster o Robert De Niro en Los Intocables de Brian de Palma. Desde aquél arresto Bronson decide dedicar su vida a la violencia, madreándose a cuanto desafortunado se tope en prisión, desde otros presos hasta guardias. La película tiene una profunda influencia del clásico de Stanley Kubrick La naranja mecánica y las referencias están presentes en todo momento. Primero está la naturaleza del personaje que, al igual que Alex el protagonista de La naranja mecánica, enfrenta la fuerza del Estado con una violencia anárquica y apolítica. El soundtrack también te lleva por inercia al trabajo de Kubrick, la música clásica –alternándose con grupos ingleses como New Order, Pet Shop Boys y techno británico- está presente en todo momento en la película. La estética es otro factor que emparenta a esta realización con La Naranja, las prisiones y los hospitales psiquiátricos tienen aquella decadencia futurista inundada por una luz blanca, deslumbrante y fría que recuerda en varios momentos a las andanzas de Alex y su pandilla de desquiciados. La película no persigue explicar el trasfondo psicológico del protagonista, más bien hace énfasis en su arte, varias secuencias sacan a Bronson pintado como un mimo ante un teatro lleno haciendo un performance para sus espectadores y explicando su pasión por su arte. Pero ahora valdría la pena hacer una pausa para volver al Bronson real, a aquél que ha pasado la mayoría de sus 35 años de cárcel en aislamiento. Sus crímenes son caracterizados por los excesos y la excentricidad, adjetivos que en algún momento definieron la obra de muchos artistas (Warhol, Dalí por mencionar dos). En un incidente en un hospital psiquiátrico causó daños por 750,000 libras en 1984, lo que le ganó fama al convertirlo en el “prisionero más caro de Inglaterra”. En 1994 tomo a dos guardias de una prisión como rehenes y demandó para soltarlos un helicóptero, una muñeca inflable y una taza de té. Bronson es una gran película, con un humor tan oscuro como el peor clima británico, con una actuación de Tom Hardy que oscila entre lo encantador, lo terrorífico y lo demente. Es la historia de un monumento de carne y hueso a la anarquía cuya violencia es más un talento que una patología. La fotografía es excelente al igual que la actuación del protagonista, la realización es agresiva e inteligente, en resumen es una gran película. Si los poderes fácticos de la distribución cinematográfica no traen esta peli a las salas mexicanas les cuento con mucho gusto –y sin ningún sentimiento de culpa- que la pueden bajar de torrentz en excelente calidad.



miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Y si legalizásemos las drogas?


La ONU ha estimado que el narco genera unos $320 mil millones de dólares anuales a nivel mundial. En Europa los decomisos de cocaína se sextuplicaron en 2006 en comparación con 1995. A pesar de estos golpes el precio del producto ha bajado, lo que ha llevado a las autoridades mundiales a interpretar que el abasto ha aumentado. Tres cuartas partes de los operativos se han realizado en España y Portugal, dos puertas de entrada históricas al tráfico de drogas en el viejo continente. Pero si una ruta es interceptada por los gobiernos, otras se abren sin problema. Veintidós por ciento de la cocaína que entró a Europa en 2007 venía de África, en 2004 era cinco por ciento. Para Febrero de este año las autoridades de la UE externaron su preocupación por la apertura de rutas de tráfico en la región de los Balcanes. En los 80 la mayoría de la cocaína destinada a Estados Unidos salía de Colombia vía el Caribe. Al cerrarse esa ruta se establecieron las alianzas entre los cárteles mexicanos y colombianos para utilizar nuestro país como enlace entre ellos y el mercado estadounidense. La producción de opio se ha desplazado en los últimos años de Turquía y Tailandia hacia Myanmar y Afganistán. En la actualidad el tráfico en esta nación ha sido factor clave para sostener financieramente a los talibanes y a células de Al-Qaeda que han estado al borde de acabar con el gobierno en Pakistán. El narco puede ser un peligroso actor en regiones amenazadas por conflictos civiles y pobreza como el Medio Oriente. Puede quebrantar el orden civil, financiar conflictos armados y en varias ocasiones reemplazar a los aparatos gubernamentales. En Latinoamérica, los cárteles han ampliado su influencia sobre la región andina, dónde Bolivia y Perú se han convertido en importantes productores. Las naciones centroamericanas se han visto amenazadas por la incursión de nuestras mafias en sus territorios, principalmente las perpetradas por Los Zetas. El narco se ha convertido en un aparato ilegal transnacional, con una capacidad operativa apabullante sumada a una enorme disposición de recursos.

Este 2009 se cumplen 100 años de la prohibición contra las drogas y el resultado no es nada alentador. De acuerdo al World Drug Report 2008 la producción de cocaína se ha mantenido estable en Bolivia, Colombia y Perú. Aunque la producción se haya mantenido estable la siembra de coca aumentó 16% con respecto a años anteriores, Colombia presentó un crecimiento mayor con un 27%. La producción de opio y sus derivados se duplicó entre 2005 y 2007 alcanzando 8 mil 870 toneladas, el 92% producido en Afganistán. La producción de mariguana disminuyó ligeramente entre 2005 y 2007 al pasar de 42 mil a 41 mil 400 toneladas. La aceptación general a su consumo se ha mantenido estable en un 3.9% entre 2005 y 2007. Las drogas sintéticas como la metanfetamina y el éxtasis alcanzaron una producción de 449 toneladas. Valdría la pena mencionar que una droga legal, el tabaco, mata a 5 millones de personas al año mientras que las drogas ilegales a unas 200 mil. Veinticinco por ciento de la población adulta mundial es adicta a esta droga cuyo mercado está regulado legalmente. La cantidad de consumidores de entre 15 y 64 años de edad se ha mantenido estable en los últimos cuatro años. Son 208 millones de personas (4.9% del total global) que han usado drogas durante los últimos 12 meses. De ese total se calcula que sólo 0.6% tienen problemas de adicción. Con la excepción de las drogas sintéticas, todos los otros mercados han experimentado algún aumento en el total de consumidores. De 2005 a 2007 el consumo de mariguana aumentó de 3.8 a 3.9 por ciento, el de cocaína de .34 a .37 por ciento y el de heroína de .27 a .28 por ciento. El uso de metanfetaminas cayó de .60 a .58 por ciento. Estas cifras se han presentado en un contexto en el que los decomisos han aumentado de manera constante.

En 1998 la Asamblea General de las Naciones Unidas puso como meta que se eliminara o se redujera significativamente la producción de cocaína, mariguana y opio para 2008. Las cifras reflejan el fracaso de este compromiso. Además es un compromiso muy fácil de asumir pero finalmente es ficticio e irresponsable. La prohibición ignora totalmente cómo opera el mercado de las drogas. Primero se puede adaptar rápidamente a cualquier interrupción en la producción y el tráfico, como ha ocurrido en el surgimiento constante de nuevas rutas. La producción de los diferentes estupefacientes se ha mantenido estable o ha aumentado, armando a poderosas mafias en el proceso. El comportamiento del mercado parece indicar que el precio de las drogas es determinado por los costos del tráfico y la distribución por encima de los de la producción. Fumigar plantíos a gran escala merma el grueso de la producción pero aumenta el precio del total restante. Los decomisos y la destrucción de parte de la producción han ido en detrimento de la pureza de las drogas, en particular la de la cocaína. Con ello se vuelven más dañinas para los consumidores. La prohibición no logra responder a la versatilidad del narcotráfico, si se logra tumbar la producción de opio en Tailandia simplemente se desplaza a Afganistán y si se cierra la ruta del Caribe el tráfico se va por México. Y los costos de la prohibición –humanos y económicos- rebasan con creces los beneficios. Estados Unidos gasta $40 mil millones de dólares al año en atacar la oferta, arresta a 1.5 millones de consumidores al año encarcelando a la mitad. En México la guerra contra los grandes cárteles ha dejado de saldo más de 6 mil muertos y ha consolidado un mercado de consumo interno. La prohibición además ignora totalmente los problemas sociales de las adicciones, como el rompimiento de familias y la propagación del VIH. Además es capaz de derrocar a gobiernos en los países productores, contribuyendo como un actor protagónico a la inestabilidad global.

La medida más sensata sería la legalización de todas las drogas. Así se podría asumir el problema desde otra dimensión, el de la salud pública. Ayudaría a discernir al consumidor del traficante, invirtiendo masivamente en programas de rehabilitación y educación. Los gobiernos podrían capitalizar la legalización gravando los diferentes estupefacientes y con ello podrían guiar a los consumidores a optar por drogas menos dañinas (la mariguana sería más accesible que las metanfetaminas por ejemplo). Castigar a los consumidores no ha tenido impacto alguno en el consumo, los países más rígidos sobre el tema se drogan más. Muestra de ello es el aumento en consumo de estupefacientes sintéticos en Asia. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud en 177 países no encontró ninguna relación entre las leyes más estrictas y el consumo. La legalización por ende aumentaría el consumo, pero de una forma regulada en la que se podrán tratar a los adictos y atender consecuencias sociales como la propagación de enfermedades y la prostitución. Bajo este estatus quo los hijos de un adicto son inexistentes a los ojos de las autoridades y de la sociedad.