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lunes, 1 de marzo de 2010

Imprimir... órganos

Voltaire dijo que el arte de la medicina consiste en impactar al paciente mientras la naturaleza cura su padecimiento. Esta concepción del autor francés no distaba de su realidad en el siglo XVIII. Pero además nos recuerda, más allá de las épocas, que el campo de la medicina siempre ha estado aquejada por terribles limitaciones cuyos alcances solo aumentan según surgen nuevos avances. Tres siglos después esta situación no ha cambiado y ahora nos planteamos la necesidad de desarrollar el campo regenerativo de la medicina, aquél que nos permitirá literalmente crear nuevos órganos para reemplazarlos cuando nuestros originales fallen. Y este año se producirá un gran avance en este campo con la salida al mercado de la primera impresora de órganos. Desarrollada por Invetech y Organovo, dos empresas de alta tecnología de Australia y Estados Unidos respectivamente, esta impresora 3D utiliza células madre extraídas de grasa y cartílago para generar tejidos básicos como vasos sanguíneos, piel y músculo. La impresora apila las células en grupos de entre 10 mil y 30 mil unidades. La base es un hidrogel degradable formulado a base de azúcares que ayuda a darles forma. Las células se fusionan y organizan por sí solas, abriendo la posibilidad de desarrollar en menos de una década órganos complejos como corazones, hígados y riñones. Incidiendo en su proceso de formación es posible especializarlas en diferentes funciones para cada uno de nuestros órganos. La regeneración no es una realidad distante. Desde 2006 en Estados Unidos se logró desarrollar exitosamente vejigas en condiciones de laboratorio. Sin embargo esta impresora plantea la posibilidad de producir a gran escala órganos sin necesidad de donantes que podrían ser rechazados por los cuerpos de sus receptores. Este avance para el campo de la medicina regenerativa es enorme y logrará, por lo menos por un momento, contradecir las sabias palabras de Voltaire.

jueves, 17 de diciembre de 2009

La revolución nanotecnológica


La nanotecnología se perfila como uno de los desarrollos tecnológicos más importantes en la historia del hombre. Para explicar de la manera más clara posible que es la nanotecnología, es la capacidad de generar y crear distintos materiales a escala molecular (a una billonésima parte de un metro), con total libertad creativa en su construcción. Ya existen ropa y telas integradas con nanoestucturas que no permiten que se mojen o se ensucien. Para las economías basadas en materias primas esto representa un problema ya que a base de diferentes creaciones nanotecnológicas, se generarán materiales superiores que desplazarán a varios commodities en los mercados globales. Y un sector que se perfila a ser revolucionado por la nanotecnología será el acero. La rama de la nanotecnología en la que se invirtió más en el 2006 fue la del desarrollo de nano-tubos de carbono. Estos nano-tubos, desarrollables en condiciones laboratorio, han probado ser un transmisor de electricidad más eficaz que el cobre y, más importante aún, ha probado ser un material mucho más resistente que el acero. Uno de los commodities más importantes en la economía global (cuyo desarrollo es costoso, tardado y muy contaminante) acabará por ser desplazado por materiales generados en condiciones de laboratorio. Científicos norteamericanos han estado desarrollando nanomáquinas que a base de reacciones químicas que limpian las arterias. Aún con estos avances sorprendentes el sector de la nanotecnología sigue siendo uno muy costoso y de punta, requiere de una mano obra muy calificada e inversiones iniciales masivas; según la revista Wired, la inversión básica para iniciar cualquier proyecto nanotecnológico oscila entre los cientos de miles y un millón de dólares. Sin embargo las aplicaciones futuras de la nanotecnología representarán la revolución tecnológica más importante en nuestra historia. Se está llevando acabo, en una etapa muy inicial, la posibilidad de integrar programación e inteligencia artificial a las nano-estructuras, generando posibilidades que hoy parecen imposibles. Según Paul Burrows, manager del laboratorio nanotecnológico Pacific Northwest National Laboratory se llegará al punto en que se puedan integrar al entorno de manera independiente para actuar como partículas inteligentes por el ambiente, cuyas funciones pueden ser variadas y especializadas, como reaparición inmediata de estructuras en condiciones climáticas adversas o de aeronaves. La conclusión es que este será un avance que impulsará aún más a las llamadas economías del conocimiento y es una importante advertencia para las economías de materias primas como la mexicana.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Robótica: ¿Qué tan cerca estamos de Blade Runner?


Siempre he sido un acérrimo fanático del cine pero un género que en particular siempre me ha parecido difícil de abordar (y hacer que destaque) es la ciencia ficción. Hacer una buena película “sci-fi” es muy difícil, pero las grandes realizaciones están ahí y una de ellas es Blade Runner (1982). Este clásico emanado de la novela del oriundo de Chicago, Philip K. Dick, nos plantea un futuro en el que la tecnología ha logrado crear humanos llamados “Replicants”, personas que por ser obra de la ingeniería gozan de un estatus de “ciudadanos de segunda clase” (cualquier parecido con nuestra realidad es sólo mera coincidencia…). El logro de este clásico dirigido por Ridley Scott nos plantea una pregunta cuya respuesta nos es tan sencilla como aparenta: ¿Qué nos hace humanos? ¿Qué condición o características nos definen como este prodigioso ser que para buena parte de la humanidad es nada menos que la imagen y semejanza de Dios? Con sus “Replicants”, Blade Runner nos encara con un dilema que ya no se ve tan distante como en la década de los ochenta: la posibilidad de que los seres humanos generen formas de vida y de conciencia que pongan a debate nuestra condición como especie. El avance exponencial de la tecnología está acercando hacia nosotros lo que Philip K. Dick alguna vez concibió como una fantasía. Se calcula que para el 2013 una computadora tendrá una capacidad de procesar información mayor a la del cerebro humano, o que para el 2049 una computadora de mil dólares rebasará en capacidad de procesamiento de información la capacidad de toda nuestra raza (Did you know 2.0). Los campos de la robótica, la ingeniería genética y la inteligencia artificial están persiguiendo alcanzar lo que en aquellas disciplinas se concibe como uno de los importantes avances posibles, lograr crear seres con las capacidades motrices y mentales de un ser humano. Pero eso se escribe más fácil de lo que es llevarlo acabo. Reproducir las capacidades motrices y de raciocinio del hombre requiere de un mapeo que aún no hemos sacado: el del cerebro. El “mapa neuronal” continúa siendo un gran misterio y sus posibilidades igualan o exceden los del genoma humano. Descifrar como funciona nuestro cerebro resultará vital para comprender nuestras habilidades físicas, sobre todo con la cuestión de coordinar las intenciones con el movimiento en un ambiente complejo. De acuerdo a varios neurólogos esta sinfonía entre lo motriz y lo exterior es dirigida por nuestro cerebelo, el cual utiliza más de la mitad de la actividad neuronal. Esta épica tarea para la inteligencia artificial se ve minúscula ante el pendiente que tiene la robótica en reproducir fielmente la estructura del cuerpo humano (en el genoma se descubrió que hay más información genética para el diseño de éste que para todo el cerebro). El diseño del cerebro en el genoma prácticamente no ocupa espacio. Esto además de ser una ironía representa una gran oportunidad. El “mapa neuronal” continúa como un misterio pero de acuerdo a Ray Kurzweil, autor de cinco libros entre ellos The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology, no lo seguirá siendo por mucho tiempo. Kurzweil es un reconocido empresario de la computación (campo en el que llevó a cabo grandes innovaciones, como en software para reconocimiento de voz), que recientemente se ha dedicado a escribir libros sobre las posibilidades futuras del avance tecnológico (esto le ha dado el título nada despreciable de “futurólogo”). Aunque aquel título de Kurzweil lo hace ver más como el Oráculo de Delfos que como una persona común y corriente, su mérito reside en la lucidez de su argumento. La “ley de retornos acelerados”, desarrollada por Kurzweil, plantea que la cantidad de conocimiento científico (en cualquier área, desde la biología hasta las ciencias genómicas) se está duplicando aproximadamente cada 2 años. La “ley de retornos acelerados” está encontrando sustento en la realidad de los logros científicos, y todo parece indicar que acabará por descifrar el “mapa neuronal”. Por ejemplo sacar la secuencia del virus del VIH tomó 5 años a los científicos. Secuenciar un virus más reciente, el SARS, tomó sólo 31 días. La cantidad de información genética se ha duplicado año con año desde el comienzo del Human Genome Project en 1990 (y los costos han caído a la par: de diez dólares para identificar una secuencia de genes a sólo un centavo al día de hoy). El mapeo del genoma humano está abriendo aún más las posibilidades del avance científico, día con día se están descubriendo cómo nuestro código genético se expresa en las proteínas que regulan cada función biológica de nuestro cuerpo. Esta información está ayudando a reproducir fielmente el funcionamiento de cada sistema del cuerpo. Los modelos tridimensionales para escanear el cerebro y sus actividades han estado sujetos al mismo avance exponencial. Los sistemas más avanzados pueden detectar en tiempo real la comunicación entre neuronas. Esta información se está llevando a modelos y simulaciones de determinadas regiones del cerebro, la empresa IBM tiene ya desarrolladas 24 de éstas. La información de cómo se desarrolla la actividad regional del cerebro también se está duplicando año con año. Esta magnífica compilación de información, sin embargo, se queda chica ante la complejidad de nuestro órgano rector. El cerebro tiene aproximadamente unas 100 mil millones de neuronas, cada una miles de conexiones que a su vez contienen unos mil canales neuronales. Aunque su diseño en el genoma sea relativamente simple, el cerebro representa una complejidad casi infinita. Un cerebro maduro puede procesar miles de trillones de bytes según Kurzweil.

Todo nuestro diseño se encuentra en el genoma humano, que está compuesto por unas tres mil millones de secuencias, lo que equivale a unos 800 millones de bytes. Una secuencia llamada ALU se repite unas 300 mil veces (para que luego se nos tache de repetitivos). Quitando todas las repeticiones, todo nuestro genoma se puede comprimir de unos 30 a 100 millones de bytes, lo que lo hace más pequeño que el código para Microsoft Word. La mitad de esta información contiene el plano para nuestros cerebros. Al nacer un cerebro estándar puede procesar entre 15 y 50 millones de bytes, en esta etapa formativa el cerebelo comienza un proceso de aprendizaje que lo adecua para la vida adulta. Si el diseño del cerebro es tan simple, reproducirlo más allá de su complejidad operativa se convierte en una tarea no tan difícil. Y, de acuerdo con Kurzweil, si nos basamos en la “ley de retornos acelerados” (que hasta ahora se ha probado correcta, el avance científico exponencial no se ha detenido y por lo pronto parece que no lo hará) podemos esperar que en aproximadamente 20 años existirán modelos detallados y simulaciones de la mayoría del cerebro. Una vez que alcancemos esto habremos descifrado aquel “mapa neuronal”, lo que nos permitirá ajustar sus simulaciones a computadores y máquinas (que finalmente eso es un robot). Para finales del 2020 existirán simulaciones que rebasarán con creces la inteligencia humana, lo que nos llevará a un debate sobre nuestro entendimiento de la condición humana, de los derechos básicos y las consecuencias que esto tendrá sobre nuestra especie. Para el 2029 se estima que existirá la tecnología para reproducir fielmente a un ser humano desde lo mecánico hasta lo mental. Y la “ley de retornos acelerados” no se detiene ahí, la nanorobótica podrá construir modelos exquisitamente complejos, que podrán ser introducidos al cuerpo humano para mantenerlo sano. Esta fusión que nos llevará a trastocar nuestra condición biológica ha sido bautizada por Kurzweil como “la singularidad” (the singularity) ¿Qué tan cerca estamos de Blade Runner? La respuesta es sorprendente: a unos treinta años.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Un capitalismo... creativo


Déjenme comenzar con una idea con la que mucho de ustedes no coincidirán. El mundo está mejorando. Estas fueron las palabras de Bill Gates en Foro Mundial de Davos en 2008. Las palabras de este empresario y mayor altruista del planeta (su fundación The Bill & Melinda Gates Foundation ha donado hasta la fecha $37.6 billones de dólares a escala mundial) merecen recordarse, sobretodo lo que planteó del capitalismo en su estado actual. Es cierto, nos enfrentamos a una crisis de la envergadura del primer cambio climático generado por la raza humana y a un colapso económico global, pero a su vez (y cómo recalcó el fundador de Microsoft) hemos duplicado la esperanza de vida en todo el planeta en los últimos cien años. Las condiciones políticas de prácticamente todas las minorías han mejorado con respecto al pasado, las libertades democráticas, económicas y civiles han tenido enormes avances. Con la revolución informática-digital hemos generado la mayor cantidad de riqueza en nuestra historia. De acuerdo con el economista de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs, el Producto Bruto Mundial creció 49 veces en los últimos 180 años y en el año 1820 todas las regiones del mundo eran pobres a estándares actuales. A las palabras de Gates no les hace falta sustento: aunque nos enfrentamos a enormes retos, hemos logrado avances incalculables (ir al artículo Contra el cliché apocalíptico). Aquellos avances han sido impulsados por logros en el terreno de la salud, de la informática y en las ciencias duras. Éstas han propiciado las condiciones para que los individuos generen por sí solos cantidades enormes de capital y así mejorar su calidad de vida a una escala nunca antes concebible. Sin embargo estos logros reales chocan con nuestros pendientes: El mundo está mejorando, pero no lo está haciendo lo suficientemente rápido y no está beneficiando a todos. Los grandes avances que hemos alcanzado muchas veces palidecen ante la desigualdad en el mundo. Los que menos necesitan se benefician más, mientras que los más necesitados son omitidos –en especial los mil millones de seres humanos que viven en pobreza extrema. Ahora hay mil millones de seres humanos que padecen malnutrición, que no tienen acceso a agua potable, electricidad, las cosas que menospreciamos en nuestra vida diaria. Enfermedades que matan a más de un millón al año reciben menos atención de las farmacéuticas que la investigación para la calvicie. Estas personas son ignoradas por la globalización y además serán los más afectados de sus externalidades. El cambio climático afectará más a los seres humanos que menos contribuyeron para causarlo (ir al artículo Pobreza y Cambio Climático). ¿Por qué existe esta relación viciada entre las necesidades humanas y nuestro desarrollo económico, en el que los que ya tienen reciben más y los que no menos? Gates nos da un lúcido argumento: los incentivos de mercado en nuestro sistema capitalista no detectan ni benefician a los más necesitados. Los avances tecnológicos, científicos y de salud que han cambiado la vida en el planeta no llegan por inercia de los mercados a los más pobres y excluidos. Debemos encontrar entonces una forma para que los avances tecnológicos capitalistas lleguen a donde más se les necesitan. Requerimos de un sistema que lleve la innovación tecnológica a donde es más necesitada basándose en un sistema de incentivos capitalitas. Tal sistema, de acuerdo con el empresario, debe girar en torno a dos ejes: primero, debe perseguir la generación de riqueza. Y segundo, esa acumulación de riqueza inherente al sistema capitalista, deberá ofrecer los incentivos para ayudar a los que no son detectados por los mercados. Gates habla de la necesidad de establecer un nuevo incentivo de mercado para garantizar esta inercial ayuda a los más pobres que nos plantea, el reconocimiento: [El reconocimiento] puede posicionar a cualquier empresa ante sus consumidores. Es un incentivo de mercado que premia el altruismo. En los mercados donde no se pueden generar beneficios, el reconocimiento puede ser el incentivo que promueva la inversión.

Gates bautizó este sistema capitalismo creativo, en el que los gobiernos, los grandes consorcios empresariales y las organizaciones no gubernamentales coordinan esfuerzos para llevar los mercados a donde más se les necesitan. El reconocimiento puede ser el incentivo que promueva estas acciones que sus contrapartes financieras no generan. Un argumento interesante que dio fue que varias veces los mercados no se generan en determinados lugares no por tener demanda suficiente, sino porque no se han analizado previamente la capacidad y limites de consumo en ellos. En una ocasión la Organización Mundial de la Salud (OMS) mandó fabricar una vacuna para la meningitis para África. Pero antes de hacerlo llevó acabo estudios para averiguar la cantidad que los africanos podían pagar por la vacuna, que resultó ser 50 centavos de dólar por cada una. La OMS promovió que varias farmacéuticas intentarán fabricar la vacuna por debajo de ese precio. Así el Serum Institute en la India logró sacarla a 40 centavos. La compañía acordó proveer 250 millones de dosis a sistemas de salud pública durante los siguientes diez años. Los derechos intelectuales y las patentes también pueden operar como sistemas de incentivos para hacer ganancias y a la vez ayudar. Una empresa Holandesa mantiene su patente de una vacuna para el cólera en el primer mundo pero la comparte en naciones subdesarrolladas (lo que hace que su vacuna en cueste menos de un dólar en Vietnam por ejemplo). Muchas industrias podrían encontrar beneficios con est sistema para ofrecer medicamentos y tecnología en países pobres. Una parte vital de este capitalismo creativo es la acción de los gobiernos, que asignan recursos a la investigación científica y al desarrollo tecnológico, proveen de seguridad social y sostienen los sistemas de educación pública. También es importante que generen incentivos de mercado para beneficiar a los más pobres. En Estados Unidos una ley aprobada en el 2007 premia a las farmacéuticas que desarrollan curas para enfermedades del subdesarrollo (como la tuberculosis o malaria) agilizando la salida al mercado de tratamientos para enfermedades del primer mundo (colesterol, diabetes). Una parte integral del capitalismo creativo es empoderar a los más pobres del planeta dándoles acceso a los mercados del primer mundo; por lo que subsidios agrícolas y las prácticas de dumping de la UE, Estados Unidos y Japón deben terminar. Este fue el planteamiento que Bill Gates hizo en el Foro Económico Mundial 2008. Rescato estas ideas de nuestro culto a la inmediatez porque me parece indudable la lucidez del argumento: podemos construir un nuevo capitalismo, uno que continué con la vital generación de riqueza inherente a su naturaleza pero que a su vez genere los incentivos para acabar la pobreza y promover el desarrollo; un capitalismo creativo, más humano y altruista. Es sin lugar a duda uno de los momentos más impactantes de nuestra historia. Los retos son enormes pero también las oportunidades.

*Las cursivas son las palabras de Gates en el Foro de Davos, para los que quieran aunar más en el tema les anexo el video original de la ponencia:



lunes, 16 de noviembre de 2009

Aprendiendo de la ingeniería biológica

El biólogo de la Universidad de Berkeley Robert Full expone para ted.com con sede en Oxford Inglaterra un tema fascinante: cómo los insectos y los gecos están inspirando nuevos diseños de movilidad robótica. La información recabada de estas especies podría posibilitar una exploración profunda de la sinuosa y accidentada superficie de Marte. También demuestra que la ingeniería y el diseño más estilizado, complejo y funcional provienen de la selección natural, por lo que debemos conservar su diversidad para poder comprender sus secretos. El video cuenta con subtítulos en español.



viernes, 13 de noviembre de 2009

Ciencia y tecnología para prevenir pandemias


Este artículo es una continuación del titulado Entendiendo de nuevo a la influenza.

Existen dos ámbitos de la ciencia que exploraremos para prevenir la amenaza pandémica: primero la posible aceleración en la fabricación de vacunas y segundo los sistemas de monitoreo que nos mantengan al tanto de las áreas del planeta con patógenos potencialmente pandémicos e individuos infectados, fortaleciendo los controles sobre las transfusiones sanguíneas y las pruebas de diagnóstico en esos lugares. Los dos ámbitos apuestan por dos soluciones muy diferentes: la prevención sobre el atender la pandemia ya propagada o la prevención.

Vacunas

El surgimiento del SARS y la gripe aviar ambas en 2003 reforzaron la necesidad de mejorar técnicas de incubación y de manufactura de nuevas vacunas. Un ejemplo son las vacunas genómicas, basadas en el ADN de los individuos. Se crecen en células en vez de huevos, lo que acelera considerablemente el proceso. Laboratorios privados de Estados Unidos han probado en fase inicial una vacuna genómica contra la influenza y sus cepas que es segura y que se puede acelerar su producción con relativa facilidad. Investigadores han publicado el perfeccionamiento de un proceso para fabricar anticuerpos que atacan enfermedades como la gripe aviar (sciam.com). Es la primera vez que se logran fabricar con rapidez proteínas que acaban con organismos patógenos. Con este avance se podría fabricar a gran escala los anticuerpos encontrados en ciertas personas para detener una potencial pandemia al mes de su surgimiento. Hasta este logro este proceso tardaba unos tres meses en producir la suficiente cantidad de defensas para una población grande, ya que producimos naturalmente pequeñas cantidades de anticuerpos para combatir infecciones.

Esta innovadora técnica extrae defensas de las células B, glóbulos blancos que las producen y las transportan hasta la enfermedad. De ahí se replican estas muestras en laboratorios para luego inyectarse a individuos enfermos cuyos sistemas inmunológicos no reconocen a la infección. Dependiendo de la cantidad de defensas extraídas y si el individuo en algún momento se vacunó o no con la enfermedad (una vacuna contiene una versión anterior más débil del virus) se puede fortalecer su efectividad. En etapa inicial los virus tenían tiempo para adaptarse a los anticuerpos antes que los científicos lograrán reproducirlas a gran escala. Hoy en día es posible modificar genéticamente a los anticuerpos para que contengan mayor cantidad de proteínas para combatir al virus, lo que nos ayuda a llevarle un paso adelante a la selección natural. Las células utilizadas son las primeras a las que recurre el cuerpo para defenderse, por lo tanto viven por poco tiempo.

Investigadores suizos fabricaron anticuerpos de un tipo de células B que guardan defensas de vacunas y virus derrotados anteriormente que se quedan en nuestra sangre a perpetuidad. La selección natural es tan impactante y de tan amplio alcance que ha dotado a nuestros cuerpos con una memoria para combatir enfermedades. Focalizar este tipo específico de células ayuda a solucionar el problema del corto tiempo para localizarles y cultivarlas. El reto es encontrar este tipo de células que llega a presentarse una en mil. Extraerlas y localizarlas rápidamente debe ser una prioridad en el mejoramiento del proceso. Y es algo que la inversión pública gubernamental no debería ignorar. Sería una negligencia que podríamos lamentar profundamente en un futuro.

Monitoreo

Si algo nos ayudará a detener la próxima gran pandemia será el monitoreo. Focalizar rápidamente las enfermedades potencialmente pandémicas puede ser la diferencia entre aislarlas o permitir su propagación global. Y las tecnologías de comunicación actuales nos permiten compartir y propagar cualquier cantidad de información en tiempo real lo que hace posible consolidar un sistema de vigilancia para enfermedades eficiente.

Más de la mitad de las enfermedades que nos afligen provienen originalmente de otros animales. El flujo humano en el planeta en este sentido es un arma de doble filo: un libre tráfico de factores de producción rápido –incluyendo seres humanos- es reflejo de una era más acaudalada y tecnológica; pero también establece la posibilidad de propagar una pandemia sobre buena parte de la población mundial igual de rápido que nos transportamos. Los números de la influenza en el comienzo de esta investigación son prueba irrefutable del potencial de una futura catástrofe epidemiológica. El VIH se pasó en principios de personas a personas, otros padecimientos se pasan de animales salvajes a domésticos como la gripe aviar y ciertas cepas de influenza. Si más del 50 por ciento de las enfermedades provienen de animales resulta necesario afinar sistemas de seguimiento en naciones que concentren gran cantidad de biodiversidad como las naciones del África subsahariana, Brasil, Indonesia y todas las naciones cuyos territorios se encuentran en los trópicos (México está en este grupo). Cazar primates para su consumo aumenta la posibilidad que distintos organismos patógenos se adapten a nuestra especie. El VIH-SIDA inició de esta forma, desplazándose de monos a los chimpancés y de ahí a nosotros. Esto se debe al parentesco. Es más difícil que se nos pase un virus de una res o de un pescado por que están emparentados con nosotros muy lejanamente.

El Global Viral Forecasting Initiative es un proyecto de científicos de diferentes universidades apoyados por Google y National Geographic para monitorear la aparición de patógenos en África, compartiendo información y dándole un seguimiento a su desarrollo por medio de la tecnología de google maps. En 2004 el proyecto descubrió una enfermedad llamada simian foamy virus (SFV), una nueva variante de los retrovirus a los que pertenece el VIH y que ataca a gorilas y mandriles (cada especie con su respectiva variante genética del padecimiento). Se han encontrado 3 tipos del SFV y todos han logrado pasarse a las personas. El consumo de estos animales por parte de los humanos fue el detonante para este brinco entre especies.

Otro descubrimiento de este proyecto fueron los HLTV conocidos en inglés como human T lymphotropic viruses, que atacan células inmunológicas llamadas linfotropicos tipo T. Una variante de esta enfermedad el HTLV-3 proviene del virus que afecta a primates el STLV-3. Estos padecimientos aún no enferman a personas. Pero siendo padecimientos que atacan el sistema inmunológico como el VIH debe ser monitoreado diariamente. Epidemiólogos, biólogos y personal médico están involucrados con monitorear y aplicar pruebas de sangre a las poblaciones y los animales con los que conviven. Por ahora hay 100 representantes en Camerún, China, Congo, Malasia, Laos y Madagascar.

Con este sistema se pueden localizar las causas de las enfermedades, si es posible que se contagien entre personas y si se está propagando prestando especial atención a que no llegue a zonas densamente pobladas. Pero para monitorear a buena parte de las áreas potenciales para dar origen a una nueva pandemia se necesitará de una gran cantidad de personas, que apliquen diagnósticos, estudien la fauna local y den seguimiento a los patógenos. En este sentido resulta prioritario documentar las distintas formas de transmisión de las enfermedades para tomar las medidas necesarias.

HealthMap es otro importante esfuerzo de la comunidad científica que monitorean diariamente en todo el mundo. La tecnología utilizada detrás del proyecto puede ayudar a detectar patrones de enfermedad en distintas naciones al momento que se localizan. La OMS requerirá de un sistema de monitoreo global que detecte a la potencial pandemia del futuro asegurándose de que jamás ocurra. El GFVI necesita $10 millones de dólares anuales para su operación. Pero cualquier costo lo vale. México, el principal foco de esta influenza A(H1N1), no contribuirá mucho con ningún sistema de detección y todo se reduce al peligroso rechazo que nuestro sistema político, clase política y sector privado tienen hacia la investigación e innovación científica.