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viernes, 4 de diciembre de 2009

Fascismo


Desde hace tiempo ya, el PRD y sus huestes se han hecho de una costumbre: partido político rival que los contradiga (ya sea el PAN o el PRI) merece ser llamado “fascista”. La etiqueta no sólo demuestra una ignorancia histórica enorme sino que también ubica al partido de izquierda en una esfera de moral infundamentada comparada con aquella que emana de la religión –lo que resulta una ironía en todo el sentido-. Lo más grave es que esta mañana en el programa de Carmen Aristegui la asociación civil El Caracol llevó a cabo una accidentada entrevista en la que denunciaba una medida fascista que lleva implementando el Gobierno del Distrito Federal desde el periodo pasado. Esta organización ha denunciado una campaña de limpieza de indigentes de las calles de nuestra ciudad digna del Nacional Socialista alemán. Todo parece indicar que desde los tiempos de la “Ciudad de la Esperanza” camionetas blancas escoltadas por patrullas secuestran a indigentes –entre ellos niños de la calle- para llevarlos a zonas periféricas de la capital, el medio para el fin obviamente son los golpes. Una nota de El Universal publicada en diciembre de 2007 entrevista a diferentes jóvenes que fueron víctimas de esta infamia. Las delegaciones en las que se han concentrado estas acciones son la Cuauhtémoc y la Venustiano Carranza, que de acuerdo a la Institución de Asistencia de Integración Social concentraban hacia el 2005 el 67% de la indigencia del DF. Esta idea de “limpieza social” es una medida que el progresista gobierno capitalino adaptó del plan de recuperación de Nueva York aplicado por Rudolph Giuliani, uno de los representantes más icónicos del conservadurismo en EEUU. La Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF) presentó en noviembre de 2007 dos denuncias de levantamientos con abuso físico a niños de la calle. Ahora, en pleno 2009, El Caracol llamó al programa de Aristegui para denunciar la desaparición de cinco niños de la calle Artículo 123 en el Centro Histórico, dos de ellos desaparecieron tres meses. Nadie ha revelado a dónde se los llevaron. Esto es ilusorio y autoritario, demuestra que la dirigencia política capitalina prefiere desaparecer problemas sociales en lugar de solucionarlos. La clase política no puede dividirse en buenos y en malos, la complejidad de la existencia no nos ofrece de una dualidad tan simple. Pero hay que tener siempre desconfianza de los políticos que se laurean en un moralismo autoatribuido. Y si desaparecer a indigentes es una política del partido antifascista en México, entonces los nazis eran unos demócratas progresistas.

martes, 24 de noviembre de 2009

México y el aborto


No me gusta caer en las etiquetas ideológicas, por todos los flancos se generan perfiles políticos que plantean limitar la complejidad humana a una agrupación mínima de ideas y dogmas. Si eres de derecha eres mocho y sólo te interesan el bienestar de los ricos. Si eres de izquierda tu causa es la de los pobres y repudias el libre mercado. Soy de la opinión que en la realidad estas imposiciones son limitadas, en la práctica las ideologías pueden ser tan complejas como las personalidades humanas y limitan nuestra condición como seres que piensan y disciernen. La Tragedia creo que refleja una parte ínfima de aquella complejidad, desde esta trinchera he manifestado temas que me interesan y he externado opiniones que en el intolerante campo de las ideologías impuestas no podrían ser comprendidas por el simple hecho de contradecirse (y por ende no embonar en aquellos listados simétricos de dogmas). Ahora ha llegado la hora de abordar un tema que me genera tanto indignación como interés, un hecho que nos dará una radiografía de nuestras patologías colectivas como nación. Me parece muy grave que en el estado de Veracruz se haya penalizado el aborto con 4 años de cárcel a la mujer la segunda vez que lo intente. Esta ley sólo promoverá los abortos clandestinos y las más afectadas serán las mujeres más pobres. Lo más grave es que atenta en contra de la laicidad del Estado, uno de los logros políticos más grandes de la era moderna. Ahora hay 17 leyes antiaborto pendientes en igual números de estados, dónde las legislaturas están bajo control priista, un partido progresista que defiende a sindicatos corporativistas y autoritarios como el de Trabajadores Petroleros (y el PRD al SME y el PAN al SNTE, porque recordemos que aquí cada quién defiende a su vergüenza ajena). Pero dejando a un lado las contradicciones de nuestros lastres políticos, volvamos al espinoso tema del aborto. Más allá de mi opinión “progresista” entiendo y respeto la complejidad de la problemática. En Estados Unidos es uno de los factores de polarización social inagotable, que ha llegado a la violencia y en el que ambos lados tienen argumentos lúcidos a favor y en contra. Hace unos años me topé con una entrevista a Nat Hentoff un historiador y novelista de Boston que logró algo que en nuestra era dominada por la vulgaridad y el frenesí (que no nos deja tiempo para pensar, sólo para etiquetar) resulta increíble: ponerme en duda. El hombre planteaba su postura política: era liberal, creía en los derechos civiles para todas las minorías y en el Estado laico. Pero no estaba a favor del aborto, para él cuando un esperma fecunda a un óvulo comienza a gestarse un ser humano y detenerlo representa un asesinato. Fue una bocanada de aire fresco. Era contradictorio pero lúcido, era complejo, era humano. No era una postura prefabricada y simplista. La ética y la moral están condenadas a lo ambiguo y la ambigüedad siempre es el campo del enfrentamiento ideológico. La vida humana y su valor incuantificable también entran en esta esfera. Espero que estas leyes no prosperen y que la imposición estatal sea reemplazada por la libre voluntad humana. Pero también nos ayudará a comprobar algo que desde el altiplano del Distrito Federal es muy difícil de ver: la masa de tierra que nos rodea por todos los flancos es muy conservadora. Desde nuestra capital, un feudo de experimentos progresistas, de pronto perdemos contacto con la realidad del país que habitamos. Este tema de las leyes antiaborto nos encarará con eso y será sin lugar a duda una radiografía de nuestras patologías como país. Ojalá este artículo atípico promueva la duda y la reflexión, dos cualidades que escasean en estos días.